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LA NOCHE CON NACHO Y KLAUS



By  Relatos Y Fantasia     11:44    Etiquetas: 
El jueves me presentó a Klaus, un alemán muy rubio y muy guapo. Era uno de sus mejores amigos y el dueño del pub en el que iniciamos la noche. Bebimos algo juntos, charlamos. Klaus se esforzaba por caerme simpático con su extraño español y lo cierto es que me cayó muy bien en un principio. Según me comentaría Nacho, llevaba más de diez años en España pero era incapaz de aprender bien nuestro idioma. Además de ese pub regentaba otros locales y algunos clubs que entonces pensé que serían discotecas, salas de baile o algo así. Y tiempo después supe que en realidad se trataba de clubs de chicas. PAULA- ¿Hablas de prostitución? PENÉLOPE- Más o menos. Su novia se llamaba Carmela. Era casi tan alta como él y tan rubia, aunque se declaró española. Ella no me cayó tan bien. En cuanto nos vimos y nos presentamos, me acercó la cara para besarnos sin que prácticamente se la pudiese rozar y a continuación me hizo una carantoña y dirigiéndose a Nacho, exclamó: “Es una monada. Pero desconocía, Nacho, que te gustaran tan jovencitas”. Por las ganas le habría estampado un bofetón, pero la muy estúpida, ante la tirria con que la miré, aún dijo: “No te preocupes, cielo, a Nacho le gusta esmerarse cuando se encuentra una preciosidad como tú”. ¿Qué sabía ella de Nacho? No me atreví a preguntárselo a ninguno de los dos. Pero según iba pasando el tiempo y compartíamos unas copas (aunque les dije que nunca tomaba alcohol, Klaus se empeñó en que probara el riquísimo cóctel que había preparado exclusivamente -mentira- para mí), comenzamos a reírnos con algunas bromas y observé que Carmela no era tan borde como a la hora de saludarme, e incluso compartía ciertas complicidades conmigo. Pensaba que aquella noche, como las anteriores, las pasaríamos solos Nacho y yo, que era lo que más me apetecía, pero Klaus se empeñó en invitarnos a cenar a un restaurante estupendo que conocía y aceptamos su invitación. La verdad es que cenamos muy bien y Carmela, tras sus iniciales aires de diva, comenzó a resultarme simpática. Visitamos otro de los locales de Klaus juntos los cuatro y sobre las dos de la mañana, el propio Klaus propuso que la última la tomáramos en su casa. Yo visiblemente desinhibida por el exceso de alcohol para mi costumbre, acepté encantada. Lo que me sorprendió fue que Carmela se despidiese de nosotros alegando que al día siguiente debía madrugar. Aunque lo cierto es que no me importó demasiado. El piso de Klaus era todavía más grande que el de Nacho. Situado por la misma zona. Y decorado en un estilo que me pareció recargado. Cuando entramos abrió una botella de champán que guardaba en el frigo y llenó tres copas para que brindáramos. Bebimos tomándonos por la cintura en corro y nos besamos con las bocas chorreando líquido aún. Luego puso música y yo comencé a moverme de lo contenta que estaba y porque tengo mucho ritmo y me gusta bailar. “Vaya”, exclamó Klaus, “bailas de maravilla, debería contratarte para uno de mis locales” “¿Contratas chicas?” “A ti te contrataría seguro”. Se sentaron en un amplio tresillo de cuero y yo los seguía cuando al unísono me detuvieron con amplias sonrisas: “Vamos, Penélope, preciosa, sigue bailando para nosotros”. Yo animada por sus palabras (imagino que no solo por eso) continué bailando, mirándolos con poses provocativas que me jaleaban y lanzándoles algún que otro beso. Una gran pantalla de plasma cubría la pared que quedaba a mis espaldas. Apagaron todas las luces, salvo un discreto foco en la esquina y comenzaron a proyectarse inmensas imágenes de videoclips en la pantalla Nacho y Klaus seguían bebiendo champán. De hecho Nacho se incorporó con su copa en la mano y me la acercó a los labios para que bebiera. Tras dos buenos sorbos volvió a sentarse y comentó: “¿Por qué no nos haces un strip-tease?” Le saqué la lengua. Pero Klaus apoyó su proposición argumentando que resultaría divertido. Y yo, más animada a cada segundo, comencé a desabotonar los botones de mi blusa con movimientos lentos y sexis que les hicieron prorrumpir en fingidas exclamaciones de sorpresa. Desnudaría primero un hombro y luego el otro. Ellos silbaban y reían entre estruendosos aplausos para jalearme. Cuando solté el botón de mis vaqueros y comencé a bajarme la cremallera, chillaron y, siguiéndoles el juego, la volví a subir. Solo cuando se oyeron sus voces decepcionadas opté por bajarla de nuevo. Contoneando las caderas con mi estilo de bailarina. Klaus golpeó con el codo a Nacho y le dijo, en un tono de voz para que yo lo oyese: “Oye, tío, esta novia tuya es una preciosidad”. En uno de mis giros observé que la pantalla emitía imágenes eróticas de chicas y chicos bailando también, ligeritos de ropa y con gestos aún más insinuantes que los míos. Me sentía un poco payasa pero también protagonista de un divertido juego. Ellos contribuían a que me sintiera así. Les lancé mis zapatos de medio tacón, que cogieron al vuelo. Acto seguido se levantaron con ellos en las manos y tras ayudarme a sacar completamente mis pantalones me los volvieron a poner. “Así estás más guapa”, dijo Nacho. La música seguía sonando a un volumen considerable y yo continuaba moviéndome con mi estiloso ritmo, la melena al viento y entonces ya únicamente vestida con mi sujetador, mis braguitas y mis zapatos de medio tacón. Iba a quitarme el sujetador… PAULA- O sea, que sí que estabas desinhibida. PENÉLOPE- Como nunca lo he estado, Pau. Creo que influía tanto como el alcohol, la música. Y la compañía agradable de aquellos dos chicos tan guapos que toda la noche se habían esmerado para que me sintiera feliz. Pero cuando me lo iba a quitar, Nacho, visiblemente excitado, imagino que por mi baile y porque a él sí que podría considerarlo bebido, me pidió: “No, espera, ofrécenos primero tus preciosas tetas”. Y yo, que siempre he tenido complejo de pechos pequeños, apoyé las palmas de mis manos en la base de las copas para elevarlas e inclinándome hacia ellos se las mostré. Aplaudieron. Me retiré hacia atrás y muy animada me solté el broche con una maña que me desconocía y lo estuve bailando en alto varios segundos antes de lanzárselo. Casualmente cayó en manos de Klaus, que se lo acercó a la boca y, tras olerlo con exagerados gestos de gozo, lo besó. Me reí y ante sus exigencias para que me bajara las bragas, les agité mi dedo índice para decirles que no. Porfiaban. Pero comenzaba a sentirme cansada y me detuve con intención de sentarme. Fue entonces cuando Klaus se incorporó, se acercó a mí y tomándome por la cintura, me dijo, “ven, voy a enseñarte una cosa”. Yo miré a Nacho, entre sorprendida, excitada y confusa. Y Nacho, al que se le habían puesto rojos los ojos simuló que no le importaba que Klaus me llevara a donde quisiera. Entramos en la habitación de al lado. En contra de lo que presumía, no cerró la puerta. Un acierto por su parte, porque sino hubiera regresado con mi chico. Aún así, opuse cierta resistencia a la mano de Klaus que me ceñía por la cintura y le comenté, “no vamos a dejar solo a Nacho, ¿no te parece?” “Será un momento nada más”: La habitación era una sala realmente curiosa. Tan grande como en la que estábamos, con las paredes cubiertas con telas, y argollas y cadenas pendiendo de la única que no cubrían los armarios. Me acercó a uno, abrió la puerta y me mostró lujosos vestidos que, sin duda parecían disfraces: “¿Te gustan?”, me preguntó. Le sonreí y giré la cabeza hacia atrás para observar a Nacho. Sin duda, desde su posición podía vernos, pero no nos miraba, como si tuviera centrada toda su atención en la pantalla donde las proyecciones ya había observado poco antes de que Klaus me tomara de la cintura que iban subiendo de tono. Lo cierto es que me dejó más tranquila que nuestras miradas no se cruzaran cuando miré hacia atrás. Klaus abrió uno de los grandes cajones y me mostró artilugios de lo más extraño: esposas de poli, vibradores de diferentes texturas y colores, anillos que me explicó eran para el pene (me puse colorada a pesar de toda la fuerza que me había insuflado el champán), botes de cremas, potingues e imagino que lubricantes, bolas chinas… “¿Por qué se llaman chinas?”, le pregunté la boba de mí. “Porque las utilizaban las concubinas del emperador para prepararse ante su amable visita. Y las geishas. Por eso también se llamaban “bolas de geisha”. Ya verás que agradables y placenteras pueden llegar a resultaros a las chicas”. “No las pienso utilizar”. “¿Por qué no?” “No me va el sado”. “No anticipes conclusiones, preciosa”, me dijo acercándose a mi oído y apretando con más fuerza mi cintura. Volví a ponerme colorada, lo miré y entonces mirándome con su cara de vicioso, me besó en la boca. En un principio consentí, incluso que me introdujera la lengua, pero al darme cuenta de la situación y de que Nacho podría estar viéndonos, porfié por retirarme. No se opuso. Me miró de nuevo, cerró el cajón y en contra de todas mis previsiones, me dijo: “Vamos, regresemos con tu chico. Cada cosa requiere su momento”. La verdad es que me sentía terriblemente excitada. Tan húmeda y caliente, que apenas separaba las piernas al caminar por miedo a que cayesen gotas al suelo.Cuando entramos de nuevo en el salón, Nacho nos miró con un gesto muy serio que interpreté como de cierto enfado conmigo. Procuré liberarme de Klaus y me apresuré a sentarme a su lado, lo tomé del cuello y lo besé. ”Nena, me has puesto muy caliente”, fue lo único que me dijo. “Cuando quieras nos vamos, cariño”, le dije yo. Pero comenzó a acariciarme con un cierto apresuramiento, a besarme los pechos y colocar una de sus manos en mi entrepierna, más que para excitarme creo que para comprobar lo muy excitada que ya me había puesto Klaus. “Quiero que lo hagamos aquí”. Procuré moverme intuyendo que iba a llevarme a uno de los dormitorios de la casa. Klaus, aun en pie a un metro de nosotros nos miraba con evidente regocijo. “No pensarás…”, le dije. “A Klaus no le importa, es más, seguro que está encantado”. Volví a mirar a Klaus. Me sonrió. “Oh, Nacho, cielo, me da mucha vergüenza hacerlo con alguien mirando”. Ya me había bajado mis lindas braguitas de encaje hasta las rodillas “Klaus no es alguien, es mi mejor amigo y le debemos ese favor, ¿no te parece?” No recuerdo qué extraños pensamientos cruzarían entonces por mi cabeza, pero lo cierto es que también yo sonreí, le permití que terminara de bajarme las bragas y que luego me incorporase para colocarme a su gusto apoyando los brazos en lo alto del respaldo del sofá. Hasta cierto punto me gustaba que de hacerlo con “público”, tuviera la gentileza de situarme así, ya que en esa postura Klaus prácticamente lo único que veía era mi rostro. Nacho no mentía. Estaba excitadísimo. Una de las veces que más. Y eso que sin falsa soberbia debo decir que siempre lo ponía a cien. Me separó las piernas. Se desnudó de cintura para abajo y tras apoyarme en el respaldo me penetró con todas sus ganas. No había necesitado las “bolas chinas” para lubricarme. Entró como un cuchillo en una barra de mantequilla. Cerré los ojos. De gusto. Y cuando volví a abrirlos, Klaus, situado de pie pero pegado a la parte delantera del sofá, acababa de bajarse la cremallera de sus pantalones y me mostró su enorme y endurecido pene. Por unos segundos me quedé como una tonta mirándolo mientras se lo tocaba a un palmo de mis narices. Nacho me seguía golpeando con fuerza y estaba a punto de estallar. Me atreví a mirar a Klaus a los ojos y entonces él se colocó de rodillas sobre el asiento y me acercó su precioso miembro a la boca. Pero yo la mantuve cerrada, dándole a entender que no me apetecía lo que me estaba proponiendo. Nacho había descendido sus manos a mi vientre para acercarme más a él en sus impetuosas embestidas. En la pantalla, las parejas que antes bailaban ahora hacían el amor en grupo, con las chicas tumbadas en una especie de gran mesa redonda y los hombre de pie frente a ellas. Estaba apunto de correrme. Ya no sentía vergüenza. Solo unos deseos increíbles de expresar a gritos toda mi dicha. Klaus tomó mi cara entre sus manos y su magnífica polla se colocó sin ayuda alguna extra sobre mis labios. Aunque estaba excitadísima y me sentía muy feliz, no me apetecía chupársela y no se la iba a chupar. Sin embargo, sus caricias en mi rostro eran tan tiernas y suaves que mostrando mi lado generoso decidí besárselo dos o tres veces seguidas. Ese detalle lo enardeció, me soltó la cara y rodeando su pene con las manos que me acariciaban comenzó a masturbarse como si tuviera prisa por acabar. Yo, aunque por un lado no quería seguir mirándolo mientras mi chico me procuraba tan deliciosas sensaciones, era incapaz de apartar mis ojos de él. Era hermoso. Se le contraían los músculos del cuello y sus ojos despedían fuego mirándome a mí. No pretendía disimular cuánto me deseaba. Me estaban llevando al clímax como en volandas. Recuerdo que se me escaparon profundos gemidos que apenas silenció la música aunque sonaba a todo volumen. Y de pronto un chorro impetuoso de semen se estrelló en mi rostro. Podría haberme causado asco, pero te juro que no. En ese momento Nacho acababa de golpearme entrando hasta el fondo y yo alcanzaba uno de mis más placenteros orgasmos. Miré un segundo a la pantalla y le sonreí de nuevo a Klaus. Él, tan cariñoso como cuando sostenía mi carita sonrojada entre sus manos, comenzó a secarme y extenderme con las yemas de sus dedos el semen por las mejillas. Luego los acercó a su boca y los chupó. Nacho continuaba entrando y saliendo de mí a un ritmo vertiginoso. Recuerdo que la voz forzada de Bono interpretaba Sunday Bloody Sunday. Nunca la olvidaré. Mi vagina se dilataba y contraía a capricho de mi novio, encadenando nuevas maravillosas convulsiones que pensé iban a enloquecerme. Me había gustado tanto el detalle de su amigo alemán que cuando de nuevo recogió las últimas gotas que aún pingaban hacia mi cuello y me los acercó a la boca, ahora sí la abrí y se los saboreé como si se tratase del más exquisito de los dulces. A Nacho creo que no le agradó demasiado ese gesto mío porque justo en ese momento ciñó con fuerza mi cintura y me golpeó varias veces seguidas con verdadera saña para correrse a los pocos segundos. Me encontraba exhausta pero feliz y contenta. Si te soy sincera temía que después de lo sucedido Klaus quisiera acostarse conmigo. 
 Este relato fue escrito por @paulamavau, una amiga de la red social Afroditax.es. Participa en el FORO "Relatos Eróticos"

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3 comentarios:

  1. Muy buen relato. Enhorabuena a la escritora.

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  2. Muy excitante. Me ha gustado bastante. Sigue así nos dejas muy excitadas

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  3. Aunque sea un poco extenso, me ha gustado el relato. Te hace revivir emociones dormidas.

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