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Fantasía de Diana 2º Parte



By  Relatos Y Fantasia     23:00    Etiquetas: 
Nos quedamos dormidos. Al despertar estábamos aún abrazados, mi diosa dormía profundamente, yo me moví despacio para no despertarla, me coloqué a sus pies y comencé a besarlos suavemente, apenas rozándolos con los labios, con la punta de la lengua, estuve así unos minutos, recorriéndolos enteros, repasándolos con amor hasta que sentí que comenzaba a moverse, entonces despegué mi boca, ella me corrigió. - Sigue, has sido muy buen perrito despertando así a tu ama, ahora no pares hasta que te diga. Enseguida seguí besando esta vez con mayor ímpetu aquellos hermosos pies de diosa, después de un rato dijo: - Que riquísima forma de despertar perrito ven aquí, fui y me beso tiernamente en los labios, muy bien ahora comenzaremos por prepararte, se levantó y fue al baño yo la seguí, se sentó a orinar mientras me miraba a los ojos. Yo dirigí mi mirada al chorro que salía de entre sus pierna potente chocando contra el agua debajo. - ¿Te gusta? Pregunto. - Todo lo que salga de ti me gusta mi diosa, conteste. Ella sonrió tomo un pedazo de papel y se limpio. - Si te portas bien quizá deje que me limpies tú y me sonrió, luego se puso a buscar entre sus cremas y tomó un bote de crema depiladora, muy bien mi amor ven para acá metete en la regadera, yo obedecí, completamente desnudo como estaba desde la noche anterior. Ella comenzó a embarrarme con crema todo el cuerpo, del cuello para abajo casi entero. - Que no vaya a quedar nada me dijo muy risueña, se le notaba feliz, como una niña a quien se la ha cumplido el mayor de sus deseos, o de sus caprichos, en fin, el caprichito era yo y estaba realmente muy feliz de serlo, tremendamente excitado y debo aceptar también bastante nervioso. Unos minutos después de ponerme la crema nos metimos juntos a bañar, bajo el agua ella recorría mi cuerpo entero con sus manos quitando la crema llena de pelitos encantada con mi cuerpo recreándose sobre todo en mis nalgas, las apretaba y amasaba con fuerza. - Eres toda mía cachorrita me decía al oído. Yo solo gemía en un estado de excitación constante. - Si mi ama, si mi diosa, solo eso salía de mi boca con suspiros y gemidos de placer y entrega. Cuando estuve ya sin nada de crema ni pelitos dejó mi cuerpo, levantó los brazos y ordenó: - Ahora tú báñame.
Yo obedecí encantado y pase gran rato lavando, acariciando, apretando y tallando cada parte de su cuerpo, recreándome en sus grandes y hermosas tetas, encendiendo sus pezones, toda ella, sus piernas, hasta terminar lavando amorosamente sus pies. Terminamos y salimos. Me sequé y luego la sequé a ella, salimos y corrió a la habitación emocionada. Yo la seguí detrás, se dirigió al closet y comenzó a sacar ropa, cuando tuvo la que consideró necesaria se volvió hacia mí y me ordenó: - Colócate en 4 patas en el suelo. Yo obedecí de inmediato asumiendo la posición, entonces me llamó con una mano y yo acudí como buen perrito hasta sus pies. Me acarició la cabeza diciéndome buen perro, buen perro, ahora te convertiré en una deliciosa perita. Con su mano señaló una fusta que había arrojado junto a la ropa sobre la cama. - Trámela perrita, yo fui y la iba a tomar con la mano cuando me dijo, con el hocico perrita, entonces entendí, la tomé con los dientes y se la llevé igual a cuatro patitas y moviendo lo mas que podía mis nalguitas para complacerla. Noté que era una fusta como las de los caballos, larga, de cuero, rígida un tanto flexible con la terminación también de cuero, la tomó de entre mis labios y metió un poco un para de dedos para que se los lamiera como un cachorro, cosa que hice feliz, me levantó por la barbilla hasta que estuve de pie a su lado y comenzó a pasarme las prendas. Primero las tangas, me probé muchísimas. Ella me hacía dar una vueltecita y mostrarle las nalgas, muévelas más decía, mientras me daba azotitos con la fusta. - Que rica, decía, y exploraba con la punta de la fusta entre mis nalgas, hasta mi boca, mientras iba seleccionando la ropa que más le gustaban, y así con medias, ligueros, corssetts, blusas, camisetas, faldas, vestidos y hasta pantalones, estuvimos mucho tiempo en esto. Me tuvo todo el tiempo moviéndome y cambiándome para ella, estaba ya cansado y comenzaba a sudar un poco, cuando dijo: - Muy bien suficiente. A ver, me gustó este para andar aquí en cacita y me dio un vestidito de sirvienta, muy chiquito y pegadito en la parte superior y sobre todo en la cintura y con una faldita ampona pero tremendamente cortita que apenas cubría la mitad de mis nalgas, me dio una tanguita bastante chiquita para que me mantuviera bien apretadito el pene, unas medias hasta medio muslo agarradas a un liguero, un collar de perro que colocó en mi cuello y para finalizar unos zapatos de un tacón no muy alto para irme acostumbrando. - Divina!! Exclamó. - Da unas vueltitas para mí.
Yo comencé a caminar pero bastante difícil con los tacones, después de unas vueltas me llamó, muy mal, tan rica que te ves mi putita y tan mal que te mueves. Te voy a tener que enseñar, pero primero mereces un castigo por haberme bajado la ilusión de que ya eras un putita bien hecha. Se sentó en el borde de la cama y me llamó, me colocó sobre sus piernas y yo atiné a levantar mi culito para ofrecérselo, ella lo acarició un poco con su mano y de pronto plaff!!, tremenda nalgada me soltó, me ardió la piel pero no sentí un dolor como para quererme mover o reclamar, gemí y levanté aún mas mis nalgas. - Muy bien puta, fue lo único que dijo, y siguió azotando mis nalgas. Después de varios azotes comenzaron realmente a dolerme las nalgas, cerré los ojos con fuerza y me mordí un labio, ella siguió sin prestar atención, yo aguantaba solo por complacerla pero había perdido lo excitado. Cuando paró las nalgas me ardían tremendamente, las sentía inflamadas, pero no me moví, ella lo notó y las acarició. Sentí un delicioso alivio. Comenzó a pasar sus dedos apenas rozándome, yo me retorcía de excitación, de pronto me daba alguna sorpresiva nalgada que sentía exquisita sobre la piel excitada. - ¿Quien es tu diosa putita? ¿A quien le perteneces? ¿Eres toda mía? ¿Puedo hacerte lo que yo desee?. Yo entre gemidos susurraba: - Soy toda tuya, soy tu esclava, tu perrita, seré la mas puta sumisa a tus pies mi diosa. Mientras retorcía mis caderas y ofrecía lo mas que podía mis nalgas, moviéndome, con cadencia, sintiéndome feliz de exhibirme ante sus ojos, Poco a poco fue separando mis nalgas y dirigiendo sus caricias a mi colita, pasando el dedo debajo de la tanga, después movió la tanga hacia a un lado y poco después la bajó dejándola en mis muslos, sin darme oportunidad a abrirlos demasiado, su dedo pasaba sobre mi anito, lo acariciaba y volvía a ir a la nalga. Mi excitación crecía, mi cuerpo se movía involuntariamente y yo gemía cada vez más sensual, mas femeninamente, de pronto separó ampliamente mis nalgas con cada mano y clavó su cara entre ellas. Sentí su lengua llegar directa y clavarse en mi colita, alcanzó a introducir la puntita, la retiro, dio algunas lamidas por los bordes, por la rajita y volvió al ataque penetrando un poco más en mi anito. Yo estaba gimiendo en la gloria, levantando todo o que podía mis nalgas para que mi diosa no se tuviera que agachar tanto y pudiera llegar a donde quisiera en mí. Así estaba cuando siento sus dedos en mi boca, los lamí gustoso, pero ella los introdujo violentamente en mi boca, llegándome tan hondo que me provocó arcadas y mucha saliva. Se retiró de mi culito y escupió abundantemente sobre él, luego con la mano ensalivada comenzó a meterme un dedo, fue un momento mágico, sentir como su dedo caliente se abría paso por mi apretado hoyito dándome oleadas de placer. Su otra mano volvió a azotar con fuerza mis nalgas, yo cerraba mi culito con los azotes y cuando abría el dedo entraba un poco mas y así hasta que estuvo completamente adentro, entonces lo comenzó a mover exquisitamente mientras seguía azotado mis enrojecidas y excitadas nalgas.
- Eres una putita deliciosa, me decía, mientras azotaba o apretaba con fuerza mis nalgas, yo seguía moviéndome como una putita, levantando mi colita lo más que podía, gimiendo y gozando con la cogida de dedo que me estaba dando mi nueva diosa. De pronto sacaba su dedo y lo llevaba hasta mi boca, yo buscaba desesperado meterlo dentro de mí, en mi boca en cualquier sitio, sentí mi sabor, no era muy agradable, pero era excitante realmente. Volvía a mi colita y me penetraba con cuidado y pasión, mientras no dejaba de azotar, apretar y sobar mis nalgas, llamándome putita viciosa, caliente, perrita lamedora, y tantas cosas que me hacían arder y contestarle entre gemidos agudos, femeninos, de putita, que era suya toda suya, que hiciera de mi y de mi cuerpo lo que deseara. Que quería ser la puta más sumisa y la perra más caliente para mi diosa. Metió un segundo dedo y yo perdí todo control moviéndome como una loca mientras ella me azotaba sin parar gritándome lo puta que era. Tiraba de mi collar de perra, gritándome. - ¿Gozas perra? Disfruta esclava, disfruta!! Gritaba y volvía a azotarme con fuerza, las nalgas me ardían, las sentía inflamadas, sensibles como nunca, cada vez que las rozaba o acariciaba un poco me sentía en el cielo. De pronto, con dos de sus dedos explorando mis profundidades sentí un orgasmo como nunca había sentido, un placer anal que me hizo venirme sin siquiera tocarme, me deje caer rendido con sus dedos aun dentro de mi, los sacó con cuidado, acariciándome las nalgas que mas que arderme las sentía ya entumidas. La mano que sacó la acercó a mi rostro y yo abrí la boca y busque sus dedos mojados hasta chuparlos perfectamente, limpiándolos de mis propios jugos, ella me dejó recuperar un poco el aliento sobre sus piernas, hasta que me dijo: - Me puso muy caliente tu colita, esclavita, acuéstate que ahora darás placer a tu ama. Entendí perfectamente y feliz me tendí esperando el divino manjar, mi semen había quedado justo entre sus piernas, dejando completamente cubierta su vagina y parte de los muslos, con un dedo tomó un poco llevándoselo a la boca, mmmmmm, fue su última expresión antes de literalmente sentarse sobre mi hambriento rostro. Esta parte de darle placer quedando asfixiado bajo sus hermosas carnes. Respirando con mucha dificultad un aire cargado de su olor. Sentirme utilizado para su placer mientras ella se restriega como una fiera sobre mi rostro indefenso y entregado. Poder poner mis manos sobre sus hermosas nalgas que me ahogan o sus hermosas tetas para excitarla aún más, mientras ella apretaba y acariciaba mis pezones excitándome aún más. Después de un rato de cabalgata feroz, siento ríos de su delicioso flujo correr y trato de beber lo más que puedo, de sorberle los labios y el clítoris, quiero devorarla, estoy completamente entregado a la pasión y deseos de esta maravillosa mujer. Después de ese derroche de pasión nos abrazamos y nos besamos, nos tocamos y nos seguimos descubriendo, acariciando. Por la tarde, me ordena cambiarme, ella me va indicando que prenda y en que posición debo colocarme, siempre con la ayuda de la fusta, que no golpea duro. Se siente firme y excitante chocando contra la sensible piel de mis nalgas y muslos principalmente. Me pongo medias con liguero y un corssette, bastante ajustado en la cintura, que me hace respirar con una mayor dificultad. - Mmmm hermosa!! Exclama, dándome una sonora nalgada con su propia mano. Me lleva al baño y me ayuda a retocarme el maquillaje, le digo que tengo que hacer pipi.
- Con todo el arreglo que te hicimos, me dice, con un poco de enfado. - Muy bien, pero metete en la tina y colócate en cuclillas como si fueras una mujercita, una putita meando en la calle. Por supuesto obedecí y me coloqué como me ordenó, haciendo mi pene hacia atrás y soltando el chorro de a poquito para mojarme lo menos posible, aun así me salpiqué un poco las medias. Cuando me incorporé me regaño por eso, dándome un duro fustazo en las nalgas. - Perrita sucia! A 4 sobre tus propios orines, vamos. Yo obedecí, mojándome todo, colocando mis manos y piernas sobre el charco, ella se puso sobre mí, abrió las piernas y comenzó a mear sobre mi espalda y nalgas empapándome deliciosamente. Yo me excite y comencé a moverme bajo su chorro, lo cortó y me ordenó voltearme y sentarme sobre los orines mezclados, cosa que hice encantada. Entonces siguió meándome del cuello para abajo, yo sentía fascinado su chorro caliente sobre mí, su esencia inundarme y resbalar haciendo arder mi piel, los últimos chorritos los expulso con fuerza, cayendo en mi pelo y otro en las mejillas. - Quieres limpiarme perrita? Preguntó. - Siiiii!! Exclamé feliz, ella abrió sus piernas y yo me acerqué a su vagina aun chorreante y sorbí su precioso líquido. Una vez más el sabor no fue agradable, pero lo disfrute, con un extraño placer de sumisión que me hacía feliz… Esta es mi más profunda real fantasía, esta mujer y esta relación no existen, yo sí. Todo lo dicho en el primer párrafo y algunas muy ricas relaciones que me han iniciado en este mundo tan extenso y delicioso son completamente verdad y estoy siempre a la espera de aquella que comparta esta mi más profunda ardiente fantasía.

Este relato fue cedido gentilmente por nuestra amiga y colaboradora Linda, le dejo mis mayores felicitaciones y muchas gracias por su participación. Un saludo.

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