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El almanaque marcaba jueves de Septiembre, había empezado la semana con mucho trabajo y ayer no me alcanzo el tiempo por eso decidí quedarme.


Comenzaba el otoño, y vaya novedad para mí, no me gusta. Sólo me recuerda que quisiera emigrar como las aves, hacia países cálidos y playas doradas donde poder caminar descalzo contemplando el atardecer y dormir arrullado por las olas, pero por ahora solo es un sueño que alberga mi corazón porque la realidad dice que hoy no voy a escapar de otra jornada agotadora y la campanilla del teléfono lo recordó.



Esta sería una larga tarde de oficina. Pedí un café a la secretaria y avise que cuando terminara podía irse, yo iba a quedarme unas horas más, cerré la puerta de mi despacho y me sumergí en el ordenador a trabajar. Pasaron los minutos y cuando comenzó a pesar el cansancio en mis ojos surgió en el monitor un mensaje instantáneo…



“¿estás ahí cariño? “



Al ver el nombre de ella me sentí conmovido. Estaba conectada y hacia mucho que no coincidíamos.

Encontré su nombre un día, por casualidad, cuando buscaba a un contacto y llamo mi atención su blog, quise echar un vistazo por encima de la tapia de ese jardín y lo que vi me pareció realmente bonito, tanto que me quedo leyéndola, disfrutando de los escritos, paseado entre los arbustos, oliendo el perfume de cada flor, intentando descubrir el alma de su autora, pero no supe encontrarla entre sus plantaciones.

Había quedado aún más curioso de su perfil y yo no era de hablar con extraños por la Internet pero sentí curiosidad de ella y por eso le escribí tímidamente un:


“hola… muy bonito tu blog”

Me pregunte... ¿quién estaría del otro lado del ciberespacio? ... ¿seria acaso una aburrida ama de casa sentada frente al ordenador escribiendo sus más ardientes fantasías, mientras esperaba que la lavadora termine el programa y tenga que volver a los que haceres domésticos...?
¿Cómo sería esa mujer?

Para mi suerte a ella le pareció agradable mi timidez y acepto conversar conmigo.
No todos lograban llegar a ella o al menos conocerla más allá de la forma erótica de sus escritos. Yo había logrado llamar su atención.
Y así pasaron los días y nuevamente nos encontramos en ese inmenso ciberespacio, y esta vez la charla se extendió y aquellos dos extraños que éramos, dejamos de serlos, porque cada palabra escrita parecía ser el reflejo del otro.
Ella dijo: “tengo la sensación de que te conozco de siempre”, y yo sentía lo mismo.
¿Podía ser que dos personas que aun sin nunca haberse visto, se sintieran atraídas?
Notamos como estaba saliendo a la superficie algo que me parecía letárgico en el internet:

El deseo.

Mientras yo pensaba en que compuesto de hada y bruja era ella que despertaba mis más íntimos deseos tan solo con palabras escritas y una foto sexy.
Y ella se decía a sí misma como era posible que su alma se estuviera hilando a la de un hombre virtual del que ni siquiera conocía su rostro.

Pero la casualidad hace las cosas bien y volvimos a encontrarnos
Pero estaba vez el monitor le dio vida a los rostros imaginados y las palabras ya no fueron las mismas porque la webcam nos mostró que detrás de cada letra había un hombre y una mujer.
Ese fue el comienzo de horas y horas de charlas...de mails diarios, de intercambio de fotos que hacían volar la imaginación...de tanto deseo que traspasaba aquella pantalla cada vez que nos veíamos y soñábamos con ese día en que ya no existiera esa barrera y pudiéramos sentir nuestros cuerpos entrelazarse sin nada que los separe. 

El solo saber que ella estaba ahí conectada y ver su Nick me producía un intenso deseo,   como una descarga eléctrica desatándose por mi cuerpo, que aceleraba mis pulsaciones y terminaba en una potente erección. Ella lo llamaba energía sexual que nos conecta sin siquiera tocarnos, y era verdad. Porque yo podía sentir como ella se excitaba lentamente con cada letra que escribíamos y esa misma energía se desataba por su cuerpo. Comenzaba en su nuca como un soplido suave… bajaba por su espalda como un cosquilleo intenso hasta terminar estallando en su sexo acalorado y húmedo de sensaciones.

Me decía que su clítoris estaba hinchado y dolía, por eso en ese momento solo quería imaginar que mi lengua buscaba aliviar ese placentero dolor que la hacía estallar en un orgasmo. Más de una vez terminamos calmando ese deseo juntos.

La primera vez que lo hicimos ella fue quien me lo pidió. Tuve que encerrarme en el  baño de mi despacho  con mi laptop, porque estaba en horas de trabajo, mientras ella estaba en su casa. En esa ocasión fue a su dormitorio y comenzó a desvestirse lentamente frente a la webcam, rogándome que la acaricie y la bese. Sus manos fueron las mías y comenzó a estrujar sus senos como yo lo deseaba. Me moría de ganas de llenar mi boca con sus pezones y apretarlos entre mis húmedos labios, mientras la hacía retorcer de placer.
Ella comenzó a gemir y eso me excito aún más.  
Yo no podía evitar comenzar acariciar mi pene que estaba tan duro que dolía entre mis pantalones. Así que lo libere y ella al verlo metió sus dedos en su boca succionándolos, en clara señal de querer llenarla con mi miembro. Ella dijo:

-    Me encanta lo que tienes para mí. Quiero ponerlo aquí entre mis labios y chuparlo. Me gusta como se ve. Esta húmeda y brillante su cabeza, que ya quiero tenerla aquí.

Señalándome su sexo en el que perdió los dedos que hasta hace unos segundos chupaba en su boca. Abrió sus muslos frente a mis ojos y comenzó a estimularse con ambas manos, mientras me pedía que la follara con más fuerza.

 ¡Madre mía! Si eso es lo que deseaba y estaba haciendo en mi mente, mientras me masturbaba imaginándome que bombeaba sin parar en aquel paraíso ardiente que se ofrecía a mis ojos. Era una hembra apasionada que sabía muy bien lo que deseaba.

 Escucharla gemir y pedir más, era enloquecedor, me estaba matando de placer,  mientras veía  sus movimientos agitados sobre su cama, hasta llegar a ese preciso momento en que comenzaba su cuerpo a sacudirse mientras se  aferraba a las sábanas y  ahogaba sus gemidos entre la almohada. Fue un instante culmine en que yo también me deje ir entre jadeos confusos que nos dejaron a ambos completamente relajados y fuera de la realidad por unos minutos.
Aquella primera experiencia nos había unidos intensamente aunque el océano y las horas nos separaran físicamente… sabíamos que el deseo estaba ahí… diciéndonos Búscame a través de la web.  



Él había quedado con unos amigos en un piso. Yo me quedé en casa arreglándome. Me puse un vestido blanco palabra de honor bastante ajustado. Me peiné y me pinté. Yo había quedado con unas amigas para ir a cenar y luego ir a tomarnos algo. Salí de mi piso. Vi que un vecino salía también de su piso. Se me había olvidado la cartera, así que volví a entrar a por ella. Cuando salí me dirigí al ascensor. Él había dejado la mano puesta para que la puerta no se cerrase y así esperarme a que yo llegara. Vivíamos en un sexto. Se cerraron las puertas de ascensor. Yo me quedé mirando al espejo que había. De repente vi por el espejo que él acercaba su mano a mi culo. Me metió la mano por debajo del vestido y me sobó el culo por debajo del vestido. En ese momento me estremecí y noté como los pezones se me ponían duros. Se acercó a mi oído, lo vi por el espejo, y mientras me sobaba me preguntó que si me gustaba. Le dije que sí. Me tocó el coño desde atrás. Yo notaba perfectamente como me deshacía en su mano.


El ascensor se paró y nos bajamos. Me abrió la puerta del portal, salimos y cada uno nos fuimos por un lado. Yo no sabía cómo se llamaba y tampoco me había fijado bien de que piso había salido. Solo sabía en la planta en la que vivía.

Llegué al restaurante donde había  quedado con mis amigas. Estaba cerca de casa y no tuve que andar mucho. Éramos cinco. Nos habían preparado una mesa desde la que se podía ver el baño.
Empezamos a cenar, era noche de chicas, así que el tema de conversación estaba claro: los tíos. Empezaron a contar las experiencias con sus ex, con sus novios, con sus rollos, la conversación iba subiendo de tono al mismo ritmo que la sangría desaparecía.
Una de ellas contó como su novio le había regalado por su cumple el follarse a otro tío. Contó cómo llegó a casa y vio todo apagado, menos una luz en el cuarto. Se acercó pensando que era su novio y se encontró a otro tío allí. Miró a la derecha y vio sentado en una silla a su novio y que entendió lo que era. Su regalo de cumple. El tío la amordazó, le ató las manos y empezó a follársela. Ella había hablado con su novio de que eso le ponía cachonda, pero nunca pensé que él lo haría realidad. Ella se intentó resistir porque le gustaba la idea, pero el hecho de hacerlo no tanto, pero ya era demasiado tarde....el chaval estaba dispuesto a violarla allí mismo delante de su novio...La tiró sobre la cama. Le abrió las piernas y empezó a sobarle el coño y el culo a lo bestia. Por detrás.
La puso mirando a su novio. Ella estaba amordazada, no podía gritar. El novio la estaba mirando fijamente mientras el otro tío le sobaba el coño y el culo. Le escupió en el culo.....ella explicaba cómo se arqueó, como le estaba gustando. Él le restregó la saliva por el coño y por el culo. Decía que por el coño tampoco era necesario porque estaba ya chorreando, pero que le ponía cachonda que la sobase. Ella levantó el culito así para que el otro pudiera trabajarle un poco el coño. Pero no era el momento. EL se puso delante de ella y le puso la polla en los labios...ella le chupó solo el capullo, dice que la tenía enorme. Que no había visto una así nunca, unos 20 cm...El chaval le tiró del pelo hacia atrás, ella abrió la boca y le metió la polla hasta la garganta.
Nosotras la mirábamos asombradas porque jamás pensamos que su novio hubiera permitido eso, pero mucho menos que María nos contase eso. No hablaba mucho de sus cosas, pero parece que el alcohol había hecho efecto.
Cuando se la había chupado varías veces y él se hartó, se puso detrás, ella volvió a levantar el culito, supongo que se le podría ver el coño hinchado, sabiendo lo que le venía. Y le comió el culo, dice que le metió la lengua, que lo dilató con los dedos porque tenía la polla demasiado grande como pa follársela de golpe. Se la puso en la entrada del culo y empezó a empujar despacito, parecía que no iba a entrar, pero él no estaba dispuesto a irse, con lo que sin pensárselo dos veces se la metió hasta el fondo y comenzó a follarla por el culo. Ella nunca había hecho sexo anal nos contó, y dijo que no había sentido más placer en su vida. EL tío mientras la follaba le tocaba el clítoris y ella miraba a su novio, que ya no le hacía tanta gracia la idea de que su novia estuviera disfrutando tanto. Quería darle un escarmiento, pero no contó con que a ella le gustase tanto. Empezó a ponerse nervioso y a cabrearse. Se levantó, le quitó la mordaza y le dijo: eres una pedazo de puta, te está gustando y todo. Se sacó la polla y se la metió en la boca.
Ella cuenta que fue su primera vez con dos tíos, y que cuando el de los 20 cm se le corrió en el culo se corrió, se quedó tirada en la cama sin poderse mover, con la corrida cayendo por las piernas. Que su novio se pajeó encima suya porque ella no podía ni chupársela. Y que mientras estaba boca arriba él se pajeó en su cara, se corrió encima de la cara y le metió la corrida en la boca hasta que se la comió entera.
Después de ese relato, ni que decir tiene como estábamos todas. Entre cachondas y alucinando. Ahora todas queríamos que nos hicieran lo mismo o algo similar. Seguimos contando historias y les conté lo que me acababa de pasar a mí en el ascensor y claro, ahora solo podía pensar en el tío ese que me había metido mano, en que no sabía su nombre ni por donde salía, porque de haberlo sabido, hubiera ido esa noche a buscarlo.
Necesitaba ir al baño, había bebido demasiada sangría. Una de mis amigas me acompañó. Ya nos habíamos enrollado alguna vez que otra, pero nunca nos habíamos tocado nada. Me acompañó al baño y cuando entré al baño me dijo que no cerrase la puerta. Nos pusimos a comentar la historia que nos acababa de contar María y me dijo que estaba muy cachonda. Mientras hablábamos yo estaba haciendo pis en el baño. Me levanté y cuando me iba a subir el tanga. Llegó. Me sentó sobre el wc y se puso encima de mí. Nos empezamos a enrollar. Yo estaba realmente cachonda porque no me lo esperaba, siempre era yo la que pensaba que estaba cachonda y que le quería comer la boca, pero parece que esta vez era ella. Me bajó el vestido y me sobó las tetas. Me subió el vestido. Me quitó el tanga y empezó a comerme el coño a lo bestia. Yo estaba alucinando con la situación. Le puse las piernas encima de los hombros y le apreté la cabeza contra mi coño. Me puso de pie. Me abrió las piernas. Se puso detrás de mí y comenzó a lamerme el culo mientras me metía dos dedos en el coño. Todo muy rápido, todo muy desordenado. Estaba a punto de correrme. Ella lo podía notar. Movió los dedos muy muy rápido, frotándome dentro de mi coño. Y a su vez me lamía por fuera el culo, me metía la lengua. Y me corrí. No me había corrido más rápido en mi vida. Me vestí y salimos del baño. Nos sentamos a la mesa y seguimos comiendo. Acabamos la cena y fui a pagar. En el bolso me encontré un papelito con un número de teléfono. El del chico del ascensor supuse. No sé cuando me lo había metido!!!!! No me di cuenta!
Se lo conté a mi amiga, a la del baño, y me dijo que le llamase a ver donde estaba. Le mandé un sms y me contestó con la dirección. Y allí fuimos las dos.
Llamamos al timbre, nos abrieron la puerta. Subimos en el ascensor. Nos abrió la puerta el tío del ascensor. Nos miramos y comenzamos a enrollarnos. Nos cogió a las dos por la cintura y se empezó a liar con mi amiga. Todo esto en la entrada. Nos cogió y nos metió en la primera habitación que había a la izquierda de la puerta. Nos puso a cuatro patas en la cama. Nos subió los vestidos y empezó a sobarnos el coño a lo bestia. A las dos a la vez. De repente noté como me metió la polla y me empezó a follar. Mi amiga se puso delante de mí, abrió las piernas y empecé a comerle el coño. Le iba a devolver lo que me había hecho en el baño. Le lamí el coño desde el culo hasta el coño. Al llegar al clítoris se lo lamí más rápido. Estaba a punto de correrse. Entre la historia de María y lo del baño estaba muy cachonda. Mientras se lo comí noté como me embestía por el culo. No se andaba con tonterías mi vecino. Me separó los cachetes y siguió follándome....sin parar. Mi amiga se corrió y mientras lo hacía me apretaba la cara contra su coño. Me tragué todo, la dejé sin nada.
Nos levantó, nos puso de rodillas. Se la chupamos, primero una, después otra, después se la lamimos a la vez. Se pajeó, y le echó la corrida en la boca de mi amiga. Ella me la pasó a mí, ante la atónita mirada de mi vecino.
Nos levantamos y nos dijo que fuéramos al salón, que estaba allí con unos amigos suyos. Al entrar al salón te vi allí sentado. No sabía que estabas allí. Tú me miraste sorprendido de que estuviera allí. Tu amigo te había explicado lo del ascensor y que íbamos al piso, pero no sabías que era yo. Te miré sin saber cómo ibas a reaccionar. Me miraste, me guiñaste un ojo y me seguiste el juego.
Nadie sabía lo nuestro, así que hice como que no te conocía. Era mi oportunidad de ponerte cachondo como cuando te conocí, como si antes no lo hubiera hecho, como si no supieras lo que había...Me presenté a todos los tíos que había allí.. Les di dos besos a cada uno, cuando llegué a ti, me insinué. Los demás se quedaron extrañados, pero sabiendo lo que había pasado anteriormente, tampoco se extrañaron mucho de mi actitud. Te empecé a comer la boca a lo bestia. Me puse encima de ti, me saqué las tetas y te hice que me las comieses delante de todos, mientras miraban. Me cogiste del culo. Ya sabías que me encantaba que lo hicieras mientras te comía la boca. Me sobaste el culo, el coño, todo. Te saqué la polla. Me agaché. Podían verme el tanga. Uno de ellos se acercó y me lo quitó. Y me regaló un lametazo. Te empecé a comer la polla como a ti te gusta. Los  huevos, la polla, lamiéndote, mirando. Tú me agarrabas la cabeza y me encantaba. Uno de ellos empezó a sobarme el coño mientras lo hacía. Me empezó a follar el coño sin que yo se lo pidiese....pero me encantaba. Me levanté, me puse de espaldas a ti y comencé a follarte así despacito. Para que vieses como entraba. Para que vieses como se me abría el culo. Me metiste un dedo en el culo mientras yo tenía tu polla en mi coño. Me cogías el culo y me ibas subiendo y bajando despacito. Como a ti te gusta. Me saqué la polla del coño y me la metí en el culo. Como ayer.
Me la saqué y les dijiste a todos que se pusieran de pie. Que se pusieran en círculo, que estabas viendo que era una puta y que me iba a gustar eso. Le dijiste: vamos a fallarle la boca a la puta esta. Eran lo menos 8. Se pusieron a mí alrededor. Yo estaba tirada en el suelo. Abrí la boca y empezaron a follarme la boca todos. TODOS. Tú estabas viendo eso y te estabas poniendo cardíaco. Me cogían del pelo, me escupían, me decían puta. Me abrían la boca. Me metían la polla hasta la  garganta. Me follaban la boca a lo bestia
.MMmmmm me encantaba. Me cogiste del pelo, te acercaste al oído y me dijiste: te gusta puta? te miré y te dije que sí. Yo tenía dos pollas agarradas con las manos y otra en la boca. Me las iba cambiando. Iba comiéndome todas. Me encantaba saber que me estabas viendo hacer eso. Me encantaba estar lamiendo otra polla que no era la tuya, pero sabiendo que estabas muy cerca. Que si quería lamértela, podía. Empezaron a correrse encima de mí. Yo estaba desnuda y me iba cayendo la corrida en las tetas, en la boca. Se acercaban y me restregaban todas las corridas por la cara. Me daban con la polla en la cara y me encantaba. Te ibas a correr. Abrí la boca, te corriste en la cara y dentro. La abrí para que vieras que la tenía todavía y me lo tragué.
Me quedé allí tirada. Mi amiga se acercó, se puso encima de mí y empezó a lamerme toda. A limpiarme todas las corridas que tenía encima. Cuando me limpió entera nos fuimos. No dijimos nada. Te dejé allí. A la hora volviste a casa. Estaba duchada y dormida....;)



Hoy hablamos de fantasías sexuales.
Hacer realidad tus fantasías.
La conveniencia de hacer realidad las fantasías sexuales depende de cada persona, de su intimidad y de la forma en que lleva su vida sexual.
Una fantasía es un pensamiento que despierta el deseo y la excitación sexual.
Muchas personas, muy desenvueltas en su vida sexual, piensan que las fantasías deben permanecer en la imaginación y no desean realizarlas.


De la fantasía al hecho


Hacer realidad una fantasía sexual puede tener estupendos resultados.
Sin embargo, en algunos casos puede ser traumatizante.
Hacer realidad una fantasía puede hacer que ésta desaparezca.
El riesgo de hacer realidad todas sus fantasías es que usted podría dejar de sentir placer.





Las fantasías y la pareja


Las fantasías ayudan a aumentar la excitación durante las relaciones sexuales.
Muchas personas necesitan de estas fantasías para poder tener relaciones sexuales más satisfactorias.
Una pareja debe decidir de manera conjunta la realización de una fantasía, sin obligar ni presionar.
Obligar a la pareja a realizar una fantasía sexual puede dañar la relación.
Le despertó el agua de la ducha cayendo, se giró en la cama comprobando que se encontraba sólo por lo que debía ser Katrina la que se estaba duchando.
Medio somnoliento pensaba en su amiga, la conocía desde hacía meses, pero esa fue la primera noche que pasaba con ella, pensaba en su largo y ondulado cabello de un amarillo anaranjado que le cubría unos voluptuosos pechos de piel clara aunque bronceada, con unas pequeñas aréolas de cuyo centro emergían unos pezones erectos como punzones. La cintura estrecha se ensanchaban convenientemente en las caderas, unas tersas y redondeadas nalgas constituían un culo perfecto.
Entre el sopor y la imaginación, observó como la sabana se izaba por la excitación que sentía, se levantó y se fue al cuarto de baño. El vaho cubría el espejo, una sensación de ahogo se apoderó de él, pero era más su deseo. Sobre una pequeña repisita había un reproductor de mp3 conectado a unos mini altavoces, la música se encontraba bastante elevada confundiéndose con el agua cayendo.
Tras la mampara opaca observaba el cuerpo de Katrina contoneándose bajo el agua de la ducha. Abrió levemente una parte de la mampara y se introdujo en la bañera, ella no se dio cuenta debido a que se estaba enjabonando la cabeza y tenía los ojos cerrados.
Se le acercó y le besó el cuello con suavidad, la reacción de ella fue la de girarse, pero él la sujetó impidiéndole que lo hiciera. Comprendió la excitación que tenía Marcus al sentir el falo rígido apoyado en sus nalgas, se aferró a ella y al unísono le besaba el cuello, se lo chupaba, lamía y le acariciaba los pechos, los pezones que cada vez estaban más erectos.
Mientras una de las manos acariciaba los pechos sin distinción, la otra se deslizaba por el costado hasta alcanzar el sexo, todos los dedos unidos recorrían la vulva hasta llegar al ano para una vez allí retroceder levemente hasta el monte de Venus. En una segunda pasada, los dedos corazón y anular se adentraban entre los labios, rozando el clítoris, bordeando la entrada a la vagina hasta nuevamente el ano y retroceso.
Ella abría las piernas para permitir un mejor acople de la mano por todo su sexo, el clítoris emergente era acariciado con la yema del dedo corazón y le provocaba espasmos de placer.
Sin volverse, le tenía aferrada el bálano, suavemente le acariciaba el glande con los dedos, él le chupaba los lóbulos de las orejas, se los mordisqueaba mientras comenzaba a penetrarla digitalmente, el dedo corazón se adentró en la gruta acuosa y candente sin ningún impedimento, por lo que fue acompañado por el anular en la incursión por el foso ardoroso.
El placer la hacía incitarse, brindándole con generosidad sus nalgas que las apretaba contra el falo erecto. Le levantó una pierna y la apoyó en el borde de la bañera, entonces se deslizó con las manos apoyadas en las caderas hasta quedar arrodillado, le acercó la boca al sexo, un sexo excitado y fogoso, el agua caliente se confundía con la humedad interna, la lengua viperina se adentraba sin remedio en la vagina, retrocedía y punteaba con la punta un clítoris cada vez más evidente, lo que propiciaba a que se lo mordiese con tibieza. La lengua seguía su recorrido, al rozarle el puente del periné, le hizo cerrar las piernas aprisionándole levemente la cabeza, la excitación era sublime. Con las manos en ambas cachas las abrió para bordear con la punta de la lengua el ano, el agua se deslizaba por toda la espalda adentrándose en el ano junto con la lengua.
Katrina apoyó con firmeza las manos en la pared al sentir como se adentraba en su vagina el pene de Marcus duro como la roca, caliente como la lava de un volcán. Con su brazo le elevaba aún más la pierna para facilitar la penetración, despacio, muy lentamente entraba en ella una y otra vez. Tras cada empuje, le extraía el miembro completamente para que volviese a sentir como el glande se abría paso en la vagina para adentrarse en ella.
Jadeos, espasmos, gemidos, gritos y una sacudida de placer que la embargó mientras él continuaba penetrándola hasta que un estallido de gozo y pasión hizo que la abrazara con tal fuerza que ambos parecían un solo ser.
La letra de la canción que se escuchaba decía que “no hay nada mejor que tener tu sabor corriendo por mis venas, y es que no hay droga más dura que el roce de tu piel”. Quedaron abrazados bajo el agua caliente de la ducha. Le despertó el agua de la ducha cayendo, se giró en la cama comprobando que se encontraba sólo por lo que debía ser Katrina la que se estaba duchando.
El jueves me presentó a Klaus, un alemán muy rubio y muy guapo. Era uno de sus mejores amigos y el dueño del pub en el que iniciamos la noche. Bebimos algo juntos, charlamos. Klaus se esforzaba por caerme simpático con su extraño español y lo cierto es que me cayó muy bien en un principio. Según me comentaría Nacho, llevaba más de diez años en España pero era incapaz de aprender bien nuestro idioma. Además de ese pub regentaba otros locales y algunos clubs que entonces pensé que serían discotecas, salas de baile o algo así. Y tiempo después supe que en realidad se trataba de clubs de chicas. PAULA- ¿Hablas de prostitución? PENÉLOPE- Más o menos. Su novia se llamaba Carmela. Era casi tan alta como él y tan rubia, aunque se declaró española. Ella no me cayó tan bien. En cuanto nos vimos y nos presentamos, me acercó la cara para besarnos sin que prácticamente se la pudiese rozar y a continuación me hizo una carantoña y dirigiéndose a Nacho, exclamó: “Es una monada. Pero desconocía, Nacho, que te gustaran tan jovencitas”. Por las ganas le habría estampado un bofetón, pero la muy estúpida, ante la tirria con que la miré, aún dijo: “No te preocupes, cielo, a Nacho le gusta esmerarse cuando se encuentra una preciosidad como tú”. ¿Qué sabía ella de Nacho? No me atreví a preguntárselo a ninguno de los dos. Pero según iba pasando el tiempo y compartíamos unas copas (aunque les dije que nunca tomaba alcohol, Klaus se empeñó en que probara el riquísimo cóctel que había preparado exclusivamente -mentira- para mí), comenzamos a reírnos con algunas bromas y observé que Carmela no era tan borde como a la hora de saludarme, e incluso compartía ciertas complicidades conmigo. Pensaba que aquella noche, como las anteriores, las pasaríamos solos Nacho y yo, que era lo que más me apetecía, pero Klaus se empeñó en invitarnos a cenar a un restaurante estupendo que conocía y aceptamos su invitación. La verdad es que cenamos muy bien y Carmela, tras sus iniciales aires de diva, comenzó a resultarme simpática. Visitamos otro de los locales de Klaus juntos los cuatro y sobre las dos de la mañana, el propio Klaus propuso que la última la tomáramos en su casa. Yo visiblemente desinhibida por el exceso de alcohol para mi costumbre, acepté encantada. Lo que me sorprendió fue que Carmela se despidiese de nosotros alegando que al día siguiente debía madrugar. Aunque lo cierto es que no me importó demasiado. El piso de Klaus era todavía más grande que el de Nacho. Situado por la misma zona. Y decorado en un estilo que me pareció recargado. Cuando entramos abrió una botella de champán que guardaba en el frigo y llenó tres copas para que brindáramos. Bebimos tomándonos por la cintura en corro y nos besamos con las bocas chorreando líquido aún. Luego puso música y yo comencé a moverme de lo contenta que estaba y porque tengo mucho ritmo y me gusta bailar. “Vaya”, exclamó Klaus, “bailas de maravilla, debería contratarte para uno de mis locales” “¿Contratas chicas?” “A ti te contrataría seguro”. Se sentaron en un amplio tresillo de cuero y yo los seguía cuando al unísono me detuvieron con amplias sonrisas: “Vamos, Penélope, preciosa, sigue bailando para nosotros”. Yo animada por sus palabras (imagino que no solo por eso) continué bailando, mirándolos con poses provocativas que me jaleaban y lanzándoles algún que otro beso. Una gran pantalla de plasma cubría la pared que quedaba a mis espaldas. Apagaron todas las luces, salvo un discreto foco en la esquina y comenzaron a proyectarse inmensas imágenes de videoclips en la pantalla Nacho y Klaus seguían bebiendo champán. De hecho Nacho se incorporó con su copa en la mano y me la acercó a los labios para que bebiera. Tras dos buenos sorbos volvió a sentarse y comentó: “¿Por qué no nos haces un strip-tease?” Le saqué la lengua. Pero Klaus apoyó su proposición argumentando que resultaría divertido. Y yo, más animada a cada segundo, comencé a desabotonar los botones de mi blusa con movimientos lentos y sexis que les hicieron prorrumpir en fingidas exclamaciones de sorpresa. Desnudaría primero un hombro y luego el otro. Ellos silbaban y reían entre estruendosos aplausos para jalearme. Cuando solté el botón de mis vaqueros y comencé a bajarme la cremallera, chillaron y, siguiéndoles el juego, la volví a subir. Solo cuando se oyeron sus voces decepcionadas opté por bajarla de nuevo. Contoneando las caderas con mi estilo de bailarina. Klaus golpeó con el codo a Nacho y le dijo, en un tono de voz para que yo lo oyese: “Oye, tío, esta novia tuya es una preciosidad”. En uno de mis giros observé que la pantalla emitía imágenes eróticas de chicas y chicos bailando también, ligeritos de ropa y con gestos aún más insinuantes que los míos. Me sentía un poco payasa pero también protagonista de un divertido juego. Ellos contribuían a que me sintiera así. Les lancé mis zapatos de medio tacón, que cogieron al vuelo. Acto seguido se levantaron con ellos en las manos y tras ayudarme a sacar completamente mis pantalones me los volvieron a poner. “Así estás más guapa”, dijo Nacho. La música seguía sonando a un volumen considerable y yo continuaba moviéndome con mi estiloso ritmo, la melena al viento y entonces ya únicamente vestida con mi sujetador, mis braguitas y mis zapatos de medio tacón. Iba a quitarme el sujetador… PAULA- O sea, que sí que estabas desinhibida. PENÉLOPE- Como nunca lo he estado, Pau. Creo que influía tanto como el alcohol, la música. Y la compañía agradable de aquellos dos chicos tan guapos que toda la noche se habían esmerado para que me sintiera feliz. Pero cuando me lo iba a quitar, Nacho, visiblemente excitado, imagino que por mi baile y porque a él sí que podría considerarlo bebido, me pidió: “No, espera, ofrécenos primero tus preciosas tetas”. Y yo, que siempre he tenido complejo de pechos pequeños, apoyé las palmas de mis manos en la base de las copas para elevarlas e inclinándome hacia ellos se las mostré. Aplaudieron. Me retiré hacia atrás y muy animada me solté el broche con una maña que me desconocía y lo estuve bailando en alto varios segundos antes de lanzárselo. Casualmente cayó en manos de Klaus, que se lo acercó a la boca y, tras olerlo con exagerados gestos de gozo, lo besó. Me reí y ante sus exigencias para que me bajara las bragas, les agité mi dedo índice para decirles que no. Porfiaban. Pero comenzaba a sentirme cansada y me detuve con intención de sentarme. Fue entonces cuando Klaus se incorporó, se acercó a mí y tomándome por la cintura, me dijo, “ven, voy a enseñarte una cosa”. Yo miré a Nacho, entre sorprendida, excitada y confusa. Y Nacho, al que se le habían puesto rojos los ojos simuló que no le importaba que Klaus me llevara a donde quisiera. Entramos en la habitación de al lado. En contra de lo que presumía, no cerró la puerta. Un acierto por su parte, porque sino hubiera regresado con mi chico. Aún así, opuse cierta resistencia a la mano de Klaus que me ceñía por la cintura y le comenté, “no vamos a dejar solo a Nacho, ¿no te parece?” “Será un momento nada más”: La habitación era una sala realmente curiosa. Tan grande como en la que estábamos, con las paredes cubiertas con telas, y argollas y cadenas pendiendo de la única que no cubrían los armarios. Me acercó a uno, abrió la puerta y me mostró lujosos vestidos que, sin duda parecían disfraces: “¿Te gustan?”, me preguntó. Le sonreí y giré la cabeza hacia atrás para observar a Nacho. Sin duda, desde su posición podía vernos, pero no nos miraba, como si tuviera centrada toda su atención en la pantalla donde las proyecciones ya había observado poco antes de que Klaus me tomara de la cintura que iban subiendo de tono. Lo cierto es que me dejó más tranquila que nuestras miradas no se cruzaran cuando miré hacia atrás. Klaus abrió uno de los grandes cajones y me mostró artilugios de lo más extraño: esposas de poli, vibradores de diferentes texturas y colores, anillos que me explicó eran para el pene (me puse colorada a pesar de toda la fuerza que me había insuflado el champán), botes de cremas, potingues e imagino que lubricantes, bolas chinas… “¿Por qué se llaman chinas?”, le pregunté la boba de mí. “Porque las utilizaban las concubinas del emperador para prepararse ante su amable visita. Y las geishas. Por eso también se llamaban “bolas de geisha”. Ya verás que agradables y placenteras pueden llegar a resultaros a las chicas”. “No las pienso utilizar”. “¿Por qué no?” “No me va el sado”. “No anticipes conclusiones, preciosa”, me dijo acercándose a mi oído y apretando con más fuerza mi cintura. Volví a ponerme colorada, lo miré y entonces mirándome con su cara de vicioso, me besó en la boca. En un principio consentí, incluso que me introdujera la lengua, pero al darme cuenta de la situación y de que Nacho podría estar viéndonos, porfié por retirarme. No se opuso. Me miró de nuevo, cerró el cajón y en contra de todas mis previsiones, me dijo: “Vamos, regresemos con tu chico. Cada cosa requiere su momento”. La verdad es que me sentía terriblemente excitada. Tan húmeda y caliente, que apenas separaba las piernas al caminar por miedo a que cayesen gotas al suelo.Cuando entramos de nuevo en el salón, Nacho nos miró con un gesto muy serio que interpreté como de cierto enfado conmigo. Procuré liberarme de Klaus y me apresuré a sentarme a su lado, lo tomé del cuello y lo besé. ”Nena, me has puesto muy caliente”, fue lo único que me dijo. “Cuando quieras nos vamos, cariño”, le dije yo. Pero comenzó a acariciarme con un cierto apresuramiento, a besarme los pechos y colocar una de sus manos en mi entrepierna, más que para excitarme creo que para comprobar lo muy excitada que ya me había puesto Klaus. “Quiero que lo hagamos aquí”. Procuré moverme intuyendo que iba a llevarme a uno de los dormitorios de la casa. Klaus, aun en pie a un metro de nosotros nos miraba con evidente regocijo. “No pensarás…”, le dije. “A Klaus no le importa, es más, seguro que está encantado”. Volví a mirar a Klaus. Me sonrió. “Oh, Nacho, cielo, me da mucha vergüenza hacerlo con alguien mirando”. Ya me había bajado mis lindas braguitas de encaje hasta las rodillas “Klaus no es alguien, es mi mejor amigo y le debemos ese favor, ¿no te parece?” No recuerdo qué extraños pensamientos cruzarían entonces por mi cabeza, pero lo cierto es que también yo sonreí, le permití que terminara de bajarme las bragas y que luego me incorporase para colocarme a su gusto apoyando los brazos en lo alto del respaldo del sofá. Hasta cierto punto me gustaba que de hacerlo con “público”, tuviera la gentileza de situarme así, ya que en esa postura Klaus prácticamente lo único que veía era mi rostro. Nacho no mentía. Estaba excitadísimo. Una de las veces que más. Y eso que sin falsa soberbia debo decir que siempre lo ponía a cien. Me separó las piernas. Se desnudó de cintura para abajo y tras apoyarme en el respaldo me penetró con todas sus ganas. No había necesitado las “bolas chinas” para lubricarme. Entró como un cuchillo en una barra de mantequilla. Cerré los ojos. De gusto. Y cuando volví a abrirlos, Klaus, situado de pie pero pegado a la parte delantera del sofá, acababa de bajarse la cremallera de sus pantalones y me mostró su enorme y endurecido pene. Por unos segundos me quedé como una tonta mirándolo mientras se lo tocaba a un palmo de mis narices. Nacho me seguía golpeando con fuerza y estaba a punto de estallar. Me atreví a mirar a Klaus a los ojos y entonces él se colocó de rodillas sobre el asiento y me acercó su precioso miembro a la boca. Pero yo la mantuve cerrada, dándole a entender que no me apetecía lo que me estaba proponiendo. Nacho había descendido sus manos a mi vientre para acercarme más a él en sus impetuosas embestidas. En la pantalla, las parejas que antes bailaban ahora hacían el amor en grupo, con las chicas tumbadas en una especie de gran mesa redonda y los hombre de pie frente a ellas. Estaba apunto de correrme. Ya no sentía vergüenza. Solo unos deseos increíbles de expresar a gritos toda mi dicha. Klaus tomó mi cara entre sus manos y su magnífica polla se colocó sin ayuda alguna extra sobre mis labios. Aunque estaba excitadísima y me sentía muy feliz, no me apetecía chupársela y no se la iba a chupar. Sin embargo, sus caricias en mi rostro eran tan tiernas y suaves que mostrando mi lado generoso decidí besárselo dos o tres veces seguidas. Ese detalle lo enardeció, me soltó la cara y rodeando su pene con las manos que me acariciaban comenzó a masturbarse como si tuviera prisa por acabar. Yo, aunque por un lado no quería seguir mirándolo mientras mi chico me procuraba tan deliciosas sensaciones, era incapaz de apartar mis ojos de él. Era hermoso. Se le contraían los músculos del cuello y sus ojos despedían fuego mirándome a mí. No pretendía disimular cuánto me deseaba. Me estaban llevando al clímax como en volandas. Recuerdo que se me escaparon profundos gemidos que apenas silenció la música aunque sonaba a todo volumen. Y de pronto un chorro impetuoso de semen se estrelló en mi rostro. Podría haberme causado asco, pero te juro que no. En ese momento Nacho acababa de golpearme entrando hasta el fondo y yo alcanzaba uno de mis más placenteros orgasmos. Miré un segundo a la pantalla y le sonreí de nuevo a Klaus. Él, tan cariñoso como cuando sostenía mi carita sonrojada entre sus manos, comenzó a secarme y extenderme con las yemas de sus dedos el semen por las mejillas. Luego los acercó a su boca y los chupó. Nacho continuaba entrando y saliendo de mí a un ritmo vertiginoso. Recuerdo que la voz forzada de Bono interpretaba Sunday Bloody Sunday. Nunca la olvidaré. Mi vagina se dilataba y contraía a capricho de mi novio, encadenando nuevas maravillosas convulsiones que pensé iban a enloquecerme. Me había gustado tanto el detalle de su amigo alemán que cuando de nuevo recogió las últimas gotas que aún pingaban hacia mi cuello y me los acercó a la boca, ahora sí la abrí y se los saboreé como si se tratase del más exquisito de los dulces. A Nacho creo que no le agradó demasiado ese gesto mío porque justo en ese momento ciñó con fuerza mi cintura y me golpeó varias veces seguidas con verdadera saña para correrse a los pocos segundos. Me encontraba exhausta pero feliz y contenta. Si te soy sincera temía que después de lo sucedido Klaus quisiera acostarse conmigo. 
 Este relato fue escrito por @paulamavau, una amiga de la red social Afroditax.es. Participa en el FORO "Relatos Eróticos"
Este relato está dedicado a la persona más importante de “Mi mundo”, es lo mejor que me ha pasado en la vida y espero que me dure tanto como el propio aliento.
Hace unos meses, conocí esta página por medio de una amiga, he leído algunas muy buenas historias y por fin me he decidido a compartir la mía. 
Sucedió este verano. Mi nombre; bueno el que empleare es Belén que siempre me ha gustado, tengo 26 años; soy bastante alta 1.76 y suelo ir al gimnasio en la semana suelo hacer unas tres horas de natación y otras cuatro de máquinas, acabé Ingeniería Superior de Maquinaria y tengo un trabajo sedentario; “traducción de manuales técnicos” vivo desde hace dos años con mi chico Raúl y la verdad es que todo nos iba bastante bien. El pasado verano lo pasamos con unos amigos; Olga y Matías, la segunda quincena de Julio fuimos a Ibiza; una verdadera locura con mucha marcha en todo momento y para la primera quincena de Agosto teníamos reservada una casa rural en el pueblo de los padres de Olga a orillas del rio Mijares en Castellón de la Plana. Es un rio con un caudal bajo pero de aguas muy limpias y frescas, incluso en verano y muy cerca del pueblo desde que se recuerda existen unos pequeños embalses, represas hechas con piedras que se emplean para el baño, la más concurrida tiene unos 60 metros de largo por unos 20 de ancho, hay que ir siempre calzado para evitar dañarse los pies con los guijarros del fondo. El primer día que bajamos al rio vi gente de todas las edades, no demasiada pero si variada abundando los niños y le pregunte a Olga: - ¿Dónde se puede hacer toples sin escandalizar a nadie? Porque en las playas está claro donde sí y donde no pero aquí lo veo complicado. Olga me comento, en estos pueblos, no son tan “de pueblo” como muchos piensan y me dijo que unos cien metros rio arriba había una serie de pequeñas “calas”; se suele ir por un camino paralelo al cauce hasta alguna de ellas y después se entra en el rio para acceder ya que están rodeadas por espesos cañizares, suelen caber seis u ocho personas; pero si están ya ocupadas simplemente se pasa de largo hasta la siguiente. Me acompañó, la primera donde lo intentamos estaba libre, entramos las dos y después de desnudarnos y estar un rato gozando del calorcillo directamente sobre la piel Olga me dijo que bajaba con los demás. Cuando me pareciera solo tenía que nadar un poco para llegar al embalse grande, así se fue ella después de ponerse el bikini y coger la toalla en una mano, se dejó llevar por la corriente de espaldas y con el brazo en alto. Al rato, la imite y en unos pocos minutos estábamos todos juntos, Raúl me pregunto: - ¿Qué tal por ahí arriba, se está bien? Le conteste: - Es delicioso, además oír solo el silencio es algo que se me hacía extraño. Por la tarde fuimos a un pequeño pueblo cercano y regresamos después de cenar, por la noche al acostarnos oímos como Olga y Matías comenzaban un “mano a mano” que en lugar de excitarnos, nos provocó tanta risa que nos dormimos sin hacer nada. Al día siguiente a media mañana decidimos bajar al rio otra vez, pregunte a Raúl si le apetecía que fuéramos a una de esas “calas” y hacer nudismo y lo que fuera los dos y su respuesta me mosqueó. ¡No! no tengo ganas que desde la otra orilla me hagan fotos y verlas la semana próxima colgadas en internet, ve tu si quieres yo me quedo aquí y ya nos veremos cuando regreses. Medio cabreada, pensando que habíamos estado en Ibiza quince días en los que solo nos vestíamos para ir al comedor del hotel me fui por el camino que había recorrido el día anterior con Olga hasta llegar a la entrada que empleamos ambas. Entre al rio y vi que no había nadie, cuando tendí la toalla y me disponía a sacarme el bikini vi una bolsa impermeable medio escondida entre las primeras cañas pero la ignore pensando ¡Quien la quiera ya la recogerá cuando le parezca! Me aplique crema y me tendí al sol pues estaba dispuesta a que el moreno durara hasta el invierno; un rato después sonó un recio - ¡HOLA! Levante un poco la cabeza y vi a un hombre de unos 30 años con agua hasta el pecho en medio del rio. Le respondí también - HOLA. Entonces me dijo: - Perdona vengo a recoger esa bolsa con mi ropa; hace un rato que esperaba que te fueras porque no quería molestarte pero es que tengo turno de riego en media hora y no lo puedo perder. Un poco por ver su reacción al verme desnuda le dije: - Puedes salir del agua y recogerla. - ¿No te importará que este desnuda verdad? Sin responderme salió él también estaba desnudo y a pesar de que el agua era fresquita lucía un “equipo” extraordinario; se presentó como Chimo (Joaquín) cogió la bolsa se dio la vuelta y cuando ya estaba en el agua me dijo. Bueno si estas por aquí mañana ya nos veremos. Pensé que se pondría nervioso o al menos se extrañaría de verme en bolas; en los brazos y la frente se notaba el cambio de color típico de quien trabaja el campo pero no fue así y se fue tan tranquilo; la sorprendida fui yo. Cuando pude le comente a Olga lo sucedido y me dijo que ya me diría algo; ella no lo conocía pero alguno de sus primos que vivían en el pueblo seguro que sí. Después de comer nos dispusimos a hacer la siesta durante la cual Olga y Matías no se cortaron un pelo, puse música porque Raúl no se concentraba pero ni por esas, solo me dijo que esto de la casa rural no había sido una buena idea. Cuando nos levantamos Olga salió un rato y cuando regresó en un aparte me dijo. Ese tal Chimo sus padres eran de aquí; llego hace un par de años y se hizo cargo de unas tierras que tenían, vive a las afueras del pueblo solo en una gran casa familiar, una mujer ya mayor de aquí va dos o tres días en semana a limpiarla; su marido la acompaña y se encarga del jardín pero nadie se le acerca y no es porque sea raro en nada, los raros son ellos; dice mi prima que lo vio un día en el rio y que lo que tiene entre las piernas es “una bestia” pero no saben nada más de él. Mi primo pregunto a la “Guardia Civil”. Llego se empadrono en el pueblo, se encarga de las tierras y cuando necesita jornaleros quien quiere trabaja para él sin problemas y no hay nada más. Lo de la “bestia” lo había visto con mis ojos y en cuanto a lo demás me quedaba tranquila, al menos no era un zumbado reconocido. Le di las gracias a Olga por la información y de paso le comente lo cortado que se quedaba Raúl al oírlos, se puso un poco colorada pero le dije que el problema lo tenía él. Como la noche anterior, fuimos a cenar al pueblo de al lado pero esa noche Raúl bebió mucho más de lo que tiene costumbre y cogió un pedo de mucho cuidado, lo llevamos a casa y Matías me ayudo a acostarlo y después decidí salir a dar un paseo, la huerta por la noche huele muy bien y el cielo estaba plagado de estrellas. Fui vagando hasta llegar junto al rio donde me senté en una losa grande y vi una lluvia de estrellas y era algo maravilloso, oí una voz que reconocí enseguida; era Chimo que saludaba con su potente HOLA y me dijo. Perdona, es que al final le cambie el turno de riego a un vecino que necesitaba también el agua pero que mañana tenía que estar en Valencia por una boda o algo así, he terminado de regar hace un rato y venía a bañarme y de paso a ver las Perseidas que en esta zona se ven muy bien y mas hoy que estamos en luna nueva. Le pregunte: - ¿No estará demasiado fría el agua? Solo tienes que comprobarlo dijo Chimo; es el momento del día que el agua está mejor mete un pie y lo notaras. Mientras pensaba en lo que me había dicho; con la poca luz que desprendían las estrellas vi cómo se desnudaba junto a la losa en la que yo estaba dejando la ropa encima y se metió en el agua, como vio que no me movía me salpico aunque solo un poco. Me hizo gracia la situación, tenía a Raúl borracho en la cama a Olga y Matías follando como conejos en la habitación de al lado, un tío con una polla descomunal en bolas salpicándome y yo más quemada que el palo de un churrero. No lo pensé demasiado. Bajé de la piedra y en dos movimientos tuve la ropa junto a la de Chimo y entonces me di cuenta que no traía zapatillas para entrar al rio, Chimo reparo en que me quede quieta y pregunto si sucedía algo, le comente lo de las zapatillas y se acercó a la orilla tendiéndome los brazos; no lo dude y levante los míos para que me sujetara por la cintura. Me levanto como una pluma; es muy fuerte pues yo peso casi setenta, me pego a su pecho y reculo hasta entrar en el rio del todo; mis pezones se erizaron y de qué forma clavándose en su pecho; no sé muy bien si fue porque el agua estaba fría o por el contraste con el calor que desprendía él. Me abrace a su cuello y para no herirme los pies rodee su cintura con mis piernas, en ese momento paso una estrella fugaz que parecía que nos fuera a tocar por lo brillante y cercana que parecía y en sus ojos había pasión mucha pasión, más de la que había visto en muchos años. Me susurro al oído. - No se tu nombre. En ti veo una mujer preciosa, estas agarrada a mi como a una tabla de salvación y me encantaría hacerte el amor, pero nada de esto es importante si tu no quieres y si solo quieres gozar de la noche las estrellas el rio y la conversación, podemos hablar de lo que quieras cuando lo desees. La única forma que tuve de callarlo fue con mis labios sobre los suyos y en ese momento me olvide de todo, solo estábamos los cuatro, el cielo, el rio, él y yo así como una multitud de estrellas que no dejaban de quiñar su luz, como cómplices mudas. Notaba su gran verga contra mi vientre y solté una mano de su cuello mientras él me seguía sujetando por la cintura, la baje entre los dos lo suficiente como para alcanzarla y con decisión la encare a la entrada de mi anhelante sexo. Lentamente me fue dejando bajar y notaba como a medida que entraba me abría las carnes más de lo que nunca había imaginado con una sensación maravillosa, llegue al fondo sin dejar de besarnos y esperamos un poco; me aparte de su cara para tratar de mirarlo pero a pesar de la cercanía solo veía brillar sus ojos. Otra estrella fugaz ilumino nuestros rostros y entonces vi satisfacción en sus facciones y solo que mi cara mostrara la mitad de la que sentía en esos momentos me conformaba; comenzó a moverse y aunque alguna vez había “follado” en el agua eso muy muy diferente, nada fue casual y cada movimiento estaba estudiado para proporcionarme el máximo placer. Fue mucho más que un polvo, mi primer orgasmo fue escandaloso pero él me dejo terminar y después siguió, estuvimos así casi una hora abrazada yo a él, que me subía y bajaba con más o menos intensidad y tuve un segundo y un tercer orgasmo de intensidades bárbaras, algo que no me había sucedido nunca. En las pausas se dedicaba a acariciarme los pechos con las manos o los labios; oímos la campana de la iglesia. (Una sola campanada por hora, desde las doce hasta las siete de la mañana, servía para indicar los turnos de riego, pues se riega incluso de noche) Me propuso salir del agua para no quedar “arrugados como pasas” accedí pensando que habíamos terminado pero no fue así, cuando comenzó a secarme con su toalla que note muy suave todos sus movimientos estaban destinados a excitarme, como si yo necesitara algo mas y fue cuando repare en que no se había corrido ni una sola vez. Después de secarme del todo me puso la ropa y me dejaba hacer pues estaba como hipnotizada; se vistió él y me pregunto si quería conocer su casa, accedí convencida que a su lado nada malo me podía pasar, seguía sintiéndome como otra persona; alguien sin pasado libre y sin ataduras de ninguna clase. Me tomo de la mano y juntos llegamos frente a una verja, una hilera de árboles acompañaban la cerca alrededor de un gran jardín y en la entrada había dos luces encendidas, por un sendero nos dirigimos a la casa que resulto ser muy grande aunque desde fuera no lo parecía, el camino estaba iluminado cada poco por un gracioso farol, semejantes a los que se ven en películas antiguas. Entramos y me pregunto si me apetecía tomar algo, estaba como en otro mundo y al no responder me sirvió un vaso de “Agua de Valencia” con una rodaja de naranja, resulto ser algo extraordinario a esta hora ya pasada la una de la madrugada, nos sentamos en un cómodo sofá y estuvimos sin hablar mientras disfrutábamos de la bebida. Al terminar, me acerque un poco más a él y le dije Belén, mi nombre es Belén; gracias por lo de preciosa y sí; esta noche has sido mi tabla de salvación porque empezaba a estar desesperada y la forma de tratarme ha sido exquisita por tu parte aunque no te haya correspondido. Protesto diciendo: Lo - pasado muy bien contigo, tu nombre igual que el mío no son importantes, solo una forma de identificarnos, pero lo realmente importante eres tú con esa hermosa sonrisa y tu gran belleza. Me gusto su forma de hablarme además de lo que dijo; a cualquier mujer le gustan los halagos. Sin decir nada me puse de pie para sacarme el vestido, la ropa interior había quedado en el rio. El me imito, los dos desnudos uno frente al otro nos abrazamos y comenzamos a besarnos, poco después estábamos otra vez sobre el sofá pero esta vez era yo quien llevo la iniciativa. Estando el debajo de mí, estuve acariciándole el cuerpo con mis pezones y parece que le gustaba a juzgar por los sutiles sonidos que emitía, cuando comprobé que era el mejor momento comencé a besarle el cuerpo lamiéndolo por completo. Como me habían hecho solo dos meses antes en una despedida de soltera donde la novia que era la destinataria renuncio y el boy me eligió a mí y me deje hacer, es una experiencia sublime y aunque en un par de ocasiones he tratado de hacerlo con Raúl, su urgencia en que se la mamara lo privó de tal placer. Chimo por el contrario se acomodó y me dejo que lo fuera acariciando con lengua y labios por todos los rincones hasta que después de estar lamiendo y acariciando el interior de sus muslos (tan sensibles eróticamente, en el hombre como en la mujer). Me dedique primero a los huevos; los sorbía como si quisiera que se saliera del escroto después de atraparlo con la lengua contra el paladar; repetí la misma operación varias veces. Cada instante que pasaba veía como la “bestia” iba creciendo hasta que comencé a lamerla, en un par de ocasiones Chimo acaricio mis mejillas pero no hizo intención de sujetarme la cabeza y eso me gusto mucho; ese hombre quería permitirme que YO lo hiciera gozar. Él estaba tendido en el sofá; en ese momento arrodillada junto a él comencé a meterme en la boca el rosado capullo; era una tarea complicada, muy grande para lo que estaba acostumbrada pero me propuse descoyuntarme las mandíbulas si era preciso pero “eso” me lo tragaba. Lentamente fui tragando hasta conseguir tener el capullo y algo más dentro de la boca, pero me era difícil hasta respirar y entonces Chimo me dijo: - Belén no te esfuerces ni te preocupes, has empezado muy fuerte y así es difícil controlarme; si te parece esto lo dejamos para otro momento. Levante la cabeza, lo mire a los ojos y le dije sin dejar de pajearlo con las dos manos. - ¿Pero al menos me dejaras que intente algo más? Me sonrió y afirmo. - Me puse de pie y tire de su mano, no lo habría movido en una semana pero se levantó en un instante y lo guie sin conocer la casa hasta que encontré la que imagine sería su habitación y lo empuje sobre la cama. Me tendí encima de él y lo besaba mientras notaba su “bestia” contra mi vientre, entonces me separe despacio me puse en cuclillas y me apunte el capullo en mi cerrado asterisco, sabía que me iba a doler pero quería dárselo, él simplemente me cogió por la cintura y me elevo para impedírmelo diciéndome: - ¡No! - ¡Así no! Te harías demasiado daño y Eso no lo queremos ninguno de los dos ¿Verdad? Me sentó sobre su vientre y comenzó a acariciarme los pezones, cuando ya los tenía mucho más duros me abrazo y quede encima suyo y entonces roto para dejarme debajo, se levantó de la cama y entro en el baño que había justo al lado. Al regresar traía algo en la mano que no distinguí, se arrodillo a mi lado y con delicadeza me puso bocabajo, coloco una almohada bajo mi vientre, me separo las piernas y se colocó en medio de ellas y con suma delicadeza esparció crema por toda la zona y después comenzó a pasear el capullo por el perineo hasta el coxis. Me arrodille apoyando la cabeza sobre la cama para ser más accesible, el me acariciaba con una mano allí donde llegaba mientras con la otra guiaba “la bestia” por el camino que debía seguir. En varias ocasiones se paró a la entrada del orto pero no intentaba entrar, yo soltaba flujo en abundancia directamente sobre la cama, estaba más que salida y expectante para saber en que momento comenzaría el “ataque”; fue algo muy agradable y la mano que me acariciaba buscó y encontró el clítoris, cuando comenzó a acariciarlo también comenzó a empujar con “la bestia” sin ejercer demasiada presión. Tardo un rato en entrar, lo hizo coincidir con un maravilloso orgasmo porque no soy inmune a las caricias y él trabajó muy bien mi clítoris, cuando estaba el orgasmo a medias quedo en suspenso y de súbito me quede sin aire. De una sola estocada había metido más de la mitad, se quedó quieto unos instantes y seguí con los espasmos del orgasmos y cuando me serene consciente de lo que tenía dentro, entonces me sujeto por las caderas y comenzó un metisaca en que con cada empellón progresaba un poco más. Llego al fondo y notaba su pelvis contra mis cachetes, entonces los dos nos movíamos llegando prácticamente al final, en un par de ocasiones a punto estuvo de salirse aunque mas por mi urgencia que por su empuje. Notaba que me estaba llegando otro orgasmo y en este caso me sujeto para que me quedara quieta y fue él quien dio los tres o cuatro últimos caderazos hasta que comencé a ver el paraíso bramando y retorciéndome como una fiera herida. Los espasmos eran tremendos como si fueran descargas eléctricas, me recorrían desde el vientre hasta los riñones y de ahí a la base de la columna y por toda ella hasta la nuca donde notaba como un martillazo cada vez, nunca antes una enculada me había producido tal efecto. Estaba tan ensimismada asimilándolo todo que tarde en notar como Chimo se tensaba y comenzó a soltarme descargas, una detrás de otra que me llenaban el intestino y eso hizo que el orgasmo se multiplicara, las sensaciones eran del todo confusas, no pude mantenerme de rodillas y comencé a caer y él conmigo que quedo encima de mí pero se apoyó en la cama para no chafarme. Dio dos o tres empellones más; nos quedamos quietos los dos y si fuera posible parar el tiempo lo hubiera hecho en ese instante pero no podía ser, cuando la erección había casi desaparecido salió de mí se tendió a mi lado y pregunto con un tono de sinceridad. ¿Estás bien, te ha dolido? Lo tranquilice diciendo: - ¡No! - ¡No me ha dolido! Por el contrario he disfrutado mucho y tenías razón, de haberlo hecho como pretendía me habría destrozado y no estaría en condiciones de que nos viéramos en algún otro momento. Entonces fue cuando me sorprendió al proponerme tomar una ducha. Pasamos al cuarto de baño y resulto que tenía una “ducha multifuncional” de dos plazas; algo que no esperaba encontrar en ese pueblo, nos sentamos cada uno en uno de los asientos y tomamos un baño de vapor con agradable música de fondo. Cuando Chimo se puso de pie para refrescarse un poco con la “alcachofa” de la ducha aproveche para acercarlo a mí y ahora sí pude engullirle media verga en un solo movimiento, pero bastaron cuatro o cinco “meneos” para que comenzara a endurecerse; para mi sorpresa en esta ocasión no creció tanto y aunque alcanzo un buen tamaño resultó ser algo “asumible”. En este caso sí que pude hacerle gozar de toda mi experiencia rodeándola con la lengua y metiéndomela hasta la garganta, la mantenía ahí hasta que no podía respirar y de vez en cuando la dejaba a medio camino absorbiendo el líquido preseminal hasta que conseguí una nueva eyaculación. Si bien no tan abundante como la que me había soltado apenas media hora antes, pero más que suficiente para poder tragar una buena parte y que viera a lo que estaba dispuesta; al terminar se sentó y me coloco sobre sus piernas, me besaba la espalda y me acariciaba los pezones mientras las columnas de agua nos relajaban a ambos. Por fin terminamos la ducha, me seco con una toalla inmensa y después de secarse él nos vestimos y me acompaño al pueblo; cerca de la “casa rural” me beso fugazmente en la mejilla y me dio las buenas noches, Olga estaba en la azotea de la casa y me chisto justo antes de entrar y subí a verla; lo primero que me dijo fue. ¿Qué tal lo has pasado? Se ve muy correcto. Raúl no se ha movido de cómo lo habéis dejado y Matías se ha quedado dormido hace un rato; yo tenia calor y he subido a ver la lluvia de estrellas y ya me iba a acostar cuando os he visto llegar. Le conteste: - e parece que Raúl no esta disfrutando mucho de estas vacaciones. Creo que esperaba algo muy diferente de lo que ofrece el contacto con la naturaleza; es un poco cuadriculado. Eran más de las cuatro; Olga me ofreció un refresco que agradecí y hacía mucho calor, además estaba un bastante “fatigada” y mientras bebía le dije: - Con Chimo esta noche he visto el cielo. Al instante Olga respondió. Yo también he estado viendo las Perseidas; es un espectáculo maravilloso y me he subido la colchoneta grande para tenderme a verlas; siempre que puedo lo hago y no me canso nunca y aunque siempre es “lo mismo” a mi me encanta porque me parece diferente; no sé si me explico. Te explicas muy bien, pero entiendes muy mal, te digo que. He visto el cielo; Las Perseidas y además las estrellas con él primero en el rio; y después en su casa que es de dónde vengo y estoy francamente agotada pero muy contenta y creo que a Raúl le voy a dar puerta; tanto si llego a algo con Chimo como si no. Entonces Olga con cara de preocupación me dijo: - ¿Lo has pensado bien? Raúl es un tío que ya conoces; es muy simpático agradable inteligente y gracias al buffet de abogados maneja “pasta” y todos pensábamos que duraríais. La respuesta la dejo un poco descolocada. Es un tío genial pero muy aburrido, cuando comenzamos a salir me hablaba de lo liberal que es y que cuando fuera algo más estrecha nuestra relación podríamos probar con algunos amigos, proponerles hacer intercambios de pareja y entre ellos estabais vosotros. Pensé que este verano seria el momento en que lo plantearía, en Ibiza se le veía muy lanzado y se lo que pasó aquella noche que se perdió con las dos hermanas Danesas. Eso no me importó ya que solo fue sexo pero acabó la estancia en Ibiza; estamos aquí y ahora hasta se “desconcentra” por oíros follar y eso no presagia nada bueno para nosotros; desde que estamos aquí no hemos tenido sexo. Olga me miraba como ida, hasta que reaccionó y me dijo. Hace un tiempo sí que hablo con Matías a solas de los intercambios, después cuando él me lo comento no lo vi mal y solo se trataba de probar, las novedades son buenas siempre que sean de buen rollo pero no he vuelto a saber nada, Matías me pregunto un día si yo accedería que él se acostara contigo y de verdad le dije que no me importaría empezar. Nos abrazamos como amigas, alguna vez había fantaseado con tener algo con alguna chica y Olga es preciosa pero no era ni el momento ni el lugar aunque quizás en un futuro lo intentaría. Nos tumbamos en la colchoneta y seguimos hablando un rato. Cuando comenzaba a clarear recogimos los trastos y nos fuimos a nuestras respectivas habitaciones. El día siguiente prometía ser complicado y lo fue, me desperté tarde pero con ganas de guerra y cuando salí al salón ya estaban todos desayunando, me serví un café y sin dudar pregunte a Raúl. ¿En lo que queda de vacaciones me piensas follar o tengo que seguir apañándome por ahí? Dímelo abiertamente y así sabremos todos a qué atenernos. Se puso pálido y solo atino a responder que eso mejor tratarlo en privado peo como yo no estaba dispuesta a aguantar más tonterías le dije: - ¿En privado porque? Hace cuatro días ibas a intentar que hiciéramos intercambios de parejas con ellos y quizás con otros amigos y desde que salimos de Ibiza ni me has tocado. - ¿Tan bien te follaron las hermanitas Danesas? Se puso aún más pálido y solo atinó a decir. No quiero seguir aquí ¡Tú y yo nos vamos! En casa ya lo hablamos. Como si tal cosa le dije: - ¡Tu haz lo que quieras! Esta casa está pagada y me quedo los diez días que me quedan de vacaciones y si te quieres ir ya nos veremos. Se levantó y sin decir nada se fue a la habitación y al rato salió con una maleta; se despidió de Olga y le pidió a Matías si podía acercarlo hasta Onda a la estación de autobuses; a mí no me dijo ni mu. Mientras estaban fuera me pregunto Olga si estaba segura de lo que hacía. Solo pude decirle: - ¿Con sinceridad no lo sé? Pero y tú ¿Que habrías hecho? Este hombre y cualquier persona tiene que afrontar los problemas cuando surgen y no dejarlos para luego. Imagino que es el final para nosotros aunque procurare no molestaros demasiado. Olga se levantó y acercándose a mí me cogió la cabeza y la apoyo entre sus pechos; dos lágrimas pugnaron por salir de mis ojos y más que nada de rabia por la pérdida de los dos años pasados con Raúl. Ese día fue el primero de una nueva vida para mí, cuando regreso Matías bajamos al rio a tomar el baño y estuvimos juntos los tres un rato, hablamos de Raúl y su comportamiento y Matías aclaro. Mientras llegábamos a la estación de autobuses le pregunte de que iba todo esto y su respuesta fue significativa, me hizo parar el coche para mostrarme un “SMS” de su móvil con fecha 31/7 donde una tal Claudia le hablaba de un embarazo y que tenían que hablar. Nos quedamos las dos bastante desconcertadas, Matías seguía serio y por fin Olga fue la que dijo. Bueno ya sabemos cuál es el enigma que lo tenía tan raro estos últimos días. Estuve pensando y no sé cuánto rato después les dije. Os dejo tranquilos y voy un rato a tomar el sol y de paso a pensar un poco en todo esto; ya nos veremos a la hora de comer. Fui a mi “cala” y estaba vacía, esperaba ver aparecer a Chimo pero no lo vi y cuando me pareció que era buena hora fui hasta la casa y comimos, poco después nos fuimos a hacer la siesta y esa tarde no los oí. Sobre las seis me levante y estaban en el salón, les dije que iba a tratar de encontrar a Chimo y aunque hacia bastante sol camine hasta su casa, llegando frente a la verja de entrada oí el ruido de un motor; era él que llegaba con el coche y vestido “de persona”, entramos y me dijo que había tenido que bajar a Castellón por temas de abogados. Le conté lo sucedido con Raúl y que estaba dispuesta a pasar el resto de las vacaciones con él y me respondió. Las vacaciones y el tiempo que quieras. ¡Estoy muy bien contigo! No nos dijimos nada más, nos fundimos en un abrazo y cuando me di cuenta estábamos en su cama, hicimos el amor hasta que anocheció, entonces me pregunto si quería ir a tranquilizar a mis amigos. Fuimos juntos hasta la casa rural; los presenté y Olga me ayudo a recoger mis cosas, me instalaba en casa de Chimo. Quedamos que marcharíamos los tres juntos a Tarragona que es donde vivimos cuando acabaran las vacaciones. Los días que pase con Chimo fueron algo sublime, estuvimos mucho tiempo juntos y para ello encargó a uno de los jornaleros que habitualmente le ayudan cuando los necesita que se hiciera cargo de “los pedazos” como dicen ellos, le dio una lista de turnos de riego aunque está expuesta en la puerta del ayuntamiento. Además de mucho y buen sexo hablamos de muchas cosas y así supe que sus padres murieron siendo el muy joven y que no tiene familia cercana; que había estado ocho años fuera de España, que es ingeniero agrónomo y que las practicas las hizo en la India. Fue para seis meses y se quedó seis años en “Anantapur” colaborando en la fundación Vicente Ferrer y aprendiendo “algo” sobre el sexo Tántrico, además me conto algunas vivencias de los dos últimos años antes de regresar a España, una época dorada que pasó en Paris. Llego el día de la marcha, el 14 de Agosto fue un momento muy triste para ambos aunque le prometí regresar en cuanto pudiera. Íbamos los tres en el coche; conducía Matías en silencio mientras Olga no callaba y me interrogaba respecto a Chimo en todos los aspectos, dos horas después ya estábamos en casa, me dejaron frente al portal y se ofrecieron a subir conmigo para evitar problemas con Raúl, les dije que no era necesario y que no habría ningún problema. Al ser festivo Raúl estaba en casa y le pregunte. ¿Estás bien? Decidido a tener ese hijo del que me hablo Matías. Por fin Claudia se ha salido con la suya, bueno te deseo lo mejor; recogeré lo que traje cuando vinimos y lo demás te lo puedes quedar. Me dijo tristemente. Siento mucho como han ido las cosas y con Claudia solo fue un juego que se complicó; la intención no era está ni mucho menos. Con más desdén que rabia le dije. ¡Sí! un juego; a mí me hablabas de montarnos un trio mientras tu andabas por ahí metiéndola en cualquier agujero que encontrabas. ¡Claudia siempre te fue detrás y ahora te tiene donde quiere! Si te quedas con ella bien y si no tendrás que mantenerla junto a vuestro hijo. Cargado de cinismo aunque quizás ni se dio cuenta, me dijo: - ¿Si quieres? Podemos seguir siendo amigos y vernos de vez en cuando, además cuando nos venga bien nos damos una alegría. Solo le recordé que tenía muy buen concepto de su madre y que no pensaba inmiscuirla en mis opiniones al respecto, le pedí que callara y me dejara recoger tranquila. Antes de una hora ya salí de esa casa y de su vida, lo deje todo en el maletero de mi coche y después de comer fui a casa de Matías y Olga que me habían ofrecido su casa, dormí esa noche bastante inquieta por cierto y al día siguiente comente con mi jefe la posibilidad de trabajar desde casa. Es una persona comprensiva y cuando me pregunte el motivo le conté un poco el asunto y que me trasladaría a Castellón si o si, accedió con la condición de cambiar la forma de calcular el salario; seria en función del trabajo realizado. No me quede ese día a trabajar, fui a ver a mi madre y le hable de cómo había acabado mi relación con Raúl y que me volvía a Castellón; mi Madre se alegró pues nunca llegó a gustarle Raúl; solo me pidio que la llamara de vez en cuando. Antes de las ocho de la tarde estaba frente a la casa de Chimo, esperé a que llegara y al verme se le ilumino la cara y nos abrazamos, después de descargar el coche y cenar un poco y nos acostamos… Nos dormimos de madrugada, los días siguientes aun con mucho calor organizamos unas cuantas cosas, él se encargó de habilitarme una habitación como despacho; contraté un servicio de “Internet por satélite” para poder estar en contacto con mi trabajo y Chimo trató con el jornalero que le había ayudado esos días atrás si quería llevar las tierras como “aparcero a partir” una fórmula que se emplea bastante por la zona; acordaron las condiciones y Chimo quedo libre solo para mí. Dedicaba unas seis horas diarias a trabajar y con eso cumplía sobradamente lo tratado con mi jefe y el resto del día lo podía dedicar a lo que mejor estimara. No sé si esto llegara a funcionar o no pero lo cierto es que no hay secretos ni apartes para nada; Chimo me deja tranquila para trabajar. Me ha acompañado en tres ocasiones a ver a mi madre a quien le ha caído muy bien; cuida de mí lo mejor que puede y le quiero y no me gustaría que se torciera, el hace lo indecible para que no ocurra y por mi parte me esfuerzo al máximo con la misma intención. 
Este relato ha sido cedido por el amigo Cain: https://plus.google.com/118231835496374866437
Gracias por colaborar.


Maria, una mujer con una vida perfecta, un marido dos hijos una gran carrera, todo lo que alguien puede desear pero en verdad quien es capaz de vivir feliz para siempre?
Soy Maria tengo dos hijos, un marido estupendo, y un amante, si, así es, nunca imagine que podría decirlo así de esa forma pero creo que también la perfección cansa, yo trabajo en una oficina de gobierno, soy abogada y tengo a mi cargo a tres estudiantes, pero solo uno de ellos logro entrar más allá de mi oficina.
Era 24 de diciembre, se suponía que ya no debía de estar nadie en la oficina y sin embargo ahí estábamos atorados con un trabajo que no salía, no podíamos irnos sin dejarlo listo, mis tres pupilos estaban conmigo, sin embargo veía en sus ojos esa impaciencia por retirarse y festejar con sus familias, el reloj sonó eran las seis de la tarde y eso no tenía fin, me levante para estirar un poco las piernas y les dije que se fueran que ellos no deberían estar castigados conmigo, dos de ellos de inmediato me tomaron la palabra y recogieron sus cosas con tanta rapidez que me dio la impresión de que temieran que cambiara de opinión, me reí para mis adentros y me volvía a sentar concentrándome en los documentos que tenía frente a mí, sentí de pronto una mirada fija, levante la cara y lo vi, su nombre es Rodolfo, es un estudiante de cuarto semestre de la licenciatura en derecho, es alto, moreno, delgado, ojos oscuros y de mirada profunda, manos grandes y fuertes, le dije que si no iba a retirarse y sin pensarlo ni pestañear siquiera dijo que no, que me ayudaría hasta el final.
La tarde se fue con un suspiro cuando el reloj volvió a sonar eran las 11:00 pm, me levante de un brinco y le dije que lo llevaría a su casa que su familia me iba a acusar de abusadora por entretenerlo tanto tiempo, me sonrió de una manera que me hizo estremecer y me dijo que no había nadie en su casa que todos había ido a casa de su abuela materna en un lugar lejano, recordé que en mi casa no había nadie tampoco pues Alex y mis hijos se habían ido con mi suegra al campo, me volví para verlo a la cara y le dije que si me aceptaba una invitación a cenar, me dijo que si de inmediato, salimos de la oficina y fuimos a un pequeño restaurante que estaba a dos cuadras de ahí, entramos y pedimos el clásico pavo de navidad, cuando sonaron las doce imitamos a todos los presentes y nos dimos un abrazo de navidad, al salir del restaurante y con un poco de vino en las venas me dijo que si lo podía dejar en su casa le dije que si, en el carro cuando nos detuvo una luz roja, sin pensarlo lo vi y lo besé.
Olvide todo, mi familia, mi trabajo, que él era menor, todo lo olvide, llegamos a su casa y sin decir nada entramos besándonos, la casa era acogedora había un pequeño recibidor y una sala en perfecta armonía, entramos y caímos en un sillón entrelazados en un abrazo, su boca era ardiente, sus brazos apretaban como nadie lo había hecho, poco a poco le fui quitando la ropa, desabotoné su camisa, y seguí con el cinturón (nunca he podido con esos cinturones de caballero) él se río y me ayudo a desabrocharlo, mis manos se posaron sobre ese bulto que ya se distinguía bastante, frote y el soltó un suspiro, sus manos empezaron a quitar mi blusa sport, levanto mis brazos para sacarla dejando al aire mis pecho con los pezones muy erectos ya, su boca bajo por mi cuello haciendo que se erizara todo mi cuerpo, la ropa de ambos cayó al suelo, ya desnudos nos miramos Rodolfo era un cuerpo perfecto y joven nunca me había puesto a pensar cuantos años eran de diferencia, el tenía aproximadamente unos 20 años no más, y yo a mis 33, no sentía nada malo al estar ahí frente a ese joven perfecto, sus manos me regresaron a la realidad y me hundí en su boca.
El perfecto vaivén que se generaba en mis muslos sobre su cadera me hacía estremecer, sentía como en cada movimiento me penetraba hasta lo más profundo, sentía como su pene rozaba cada una de mis paredes internas, su boca se prendía de mis pechos, sentía un leve ardor que me hacían estremecer y hacían que una punzada entre mis piernas me volvieran loca, con delicadeza me volteo sobre mi vientre mientras él preparaba el terreno para penetrarme vigorosamente, sentí como su miembro crecía más dentro de mí, en una embestida fuerte sentí como derramaba todos sus líquidos dentro, me volví rápidamente y puse su pene en mi boca, terminando de sacar todo lo que en ella quedaba, limpie todo lo que escurría hasta dejarla completamente limpia.
Con suavidad me puso sobre mi espalda y abrió mis piernas, bajo su cabeza hasta mi clítoris, y empezó a chupar y manipular con la lengua haciendo estremecer de una forma que jamás había sentido, sentí como se aproximaba el orgasmo, y cerré los ojos para disfrutarlo al máximo. Cuando terminó de mojarse toda su boca, se levanto y me besó largamente, diciendo que nunca se había imaginado que su jefa lo llegaría siquiera a mirar, sonreí y le di un beso me levanté me vestí, y caminé hacia la salida, me alcanzo en la puerta y me dio otro beso lleno de pasión, sin pensarlo di vuelta y me prendí de su cuello, para repetir lo que acabábamos de hacer.
El 25 de diciembre se sorprendió en una casa desconocida, a lado de un joven por lo menos 10 años más chico que yo, me levante sin hacer ruido, escribí una nota que decía "Te volveré a ver" y salí para reunirme con mi esposo y mi perfecta familia.
No me juzguen, no soy mala, simplemente fue un escape a un largo día de trabajo